Toda la crisis espiritual, intelectual y cultural del mundo moderno puede rastrearse hasta una fractura teológica precisa: el nacimiento del nominalismo.
Esta herejía filosófica —que niega la participación y afirma que los nombres universales son meras etiquetas sin fundamento en el ser— es el veneno que lentamente corrompió la visión sacramental del mundo.
San Buenaventura, aún antes de la explosión nominalista en Occidente, anticipa una refutación radical contra esa lógica, y lo hace desde su visión metafísica de la participación.
El choque entre San Buenaventura y el nominalismo no es solo un debate académico: es la confrontación entre dos … Continuar con la lectura
