Hay palabras que se gastan no por el tiempo, sino por el abuso. “Arte” es hoy una de ellas. Se la pronuncia con una seguridad alarmante porque todo puede ser arte: el objeto dispuesto sin medida, el gesto elevado por el discurso, la provocación que se sostiene en su propia vaciedad. Y, sin embargo, cuanto más se amplía su alcance, más difícil resulta reconocer aquello que verdaderamente merece ese nombre.
En Martin Heidegger puede encontrarse una orientación que permite volver a plantear la cuestión en su raíz. El arte no es, para él, un objeto estético ni una expresión subjetiva, … Continuar con la lectura
