Sobre el fin de una civilización que ya no ora. A propósito de una lectura de Marcel de Corte

No todo final se manifiesta como ruina. Hay civilizaciones que mueren sin estrépito, sin incendios ni invasiones, y sin embargo dejan de vivir mucho antes de caer. Marcel de Corte, en su Ensayo sobre el fin de nuestra civilización (libro que puede descargarse en esta entrada), no anuncia una catástrofe futura: describe una ausencia presente. Lo que se ha extinguido no es la técnica ni la organización social, sino la capacidad de recibir lo real.

El diagnóstico es tan sobrio como implacable. Allí donde la verdad ya no es contemplada sino producida, donde el bien ya no es reconocido sino negociado, y donde el ser ha sido desplazado por la función, la civilización continúa funcionando, pero ha perdido su alma. Estamos frene a una ruptura ontológica.

De Corte insiste en un punto que la modernidad se resiste a aceptar: la verdad no nace de la conciencia. No es fruto de la voluntad, ni del consenso, ni del sentimiento. Es algo que precede, que se impone suavemente, que reclama obediencia interior. Cuando esta estructura se invierte, la fe se degrada en discurso ético, la teología en opinión respetable y la Iglesia en un aparato ideológicoa más. Todo permanece en pie, pero todo ha sido vaciado.

Esta pérdida es una crisis de forma. Ninguna civilización ha subsistido sin formas que la excedan: gestos, ritos, silencios, palabras recibidas. La cultura occidental fue, durante siglos, una cultura arrodillada. Sabía que el hombre no es la medida de todas las cosas, y que sólo puede permanecer humano si se reconoce criatura. Cuando el gesto litúrgico se vuelve accesorio, cuando la adoración es reemplazada por la utilidad, la civilización comienza a disolverse desde dentro.

En este punto, el análisis de de Corte adquiere un espesor espiritual inquietante. La autoridad (sea política, cultural o eclesial) sólo puede sostenerse si remite a un orden que no ha creado. Cuando la autoridad deja de custodiar y comienza a producir sentido, se transforma en gestión. Y toda gestión sin verdad termina administrando el vacío. No es la falta de poder lo que nos amenaza, sino su desvinculación del ser.

Quizás el signo más claro del fin que describe de Corte no sea la violencia ni el caos, sino algo más silencioso: la incapacidad de adoración. Allí donde ya no se ora, donde ya no se contempla, donde ya no se reconoce lo dado, sólo queda la técnica. Y donde sólo queda la técnica, el hombre ya no sabe quién es.

Tal vez no asistimos al colapso de nuestra civilización, sino a algo más sutil y más grave: su imposibilidad de arrodillarse. Y sin embargo, allí donde todavía subsiste un gesto recibido, una forma que no se explica sino que se habita, una verdad que no se discute sino que se guarda, aún respira (aunque sea en silencio) la posibilidad de un mundo reconciliado con lo real.

Julio Meinvielle: Un estudio sobre su obra

Deseo compartir con todos ustedes este trabajo sobre la obra del presbítero argentino Julio Meinvielle. El mismo fue preparado originalmente como un trabajo para un seminario de postgrado que realicé en la Universiadd de San Andrés durante mi maestría en Investigación Histórica. Posteriormente, realicé algunas correcciones y el trabajo salió a la luz gracias a la Fundación Tridentina por los Valores Clásicos.

Para acceder al artículo completo, puede acceder mediante el enlace a mi perfil en Academia.edu, o bien descargar el PDF que está al final de este post.

Resumen

El presente trabajo aborda el pensamiento teológico-político del presbítero Julio Meinvielle durante el periodo de entre guerras. A diferencia de Leonardo Castellani, con quien se lo ha comparado, no existen estudios sistemáticos sobre la obra y el pensamiento de Meinvielle fuera de ciertos análisis, muchas veces de carácter hagiográfico presentados en jornadas o revistas especiales realizadas en su honor. Fuera de la apologética de sus discípulos, la bibliografía suele signarlo como un sacerdote fascista y profundamente antisemita, el ideólogo del “Movimiento Nacionalista Tacuara” y fundador de “Guardia Restauradora Nacionalista”. No obstante, esa lectura hace abstracción de varios aspectos interesantes de Meinvielle y que se ven reflejados en sus obras: la relación teología-política, el rechazo al nazismo y al fascismo de manera explícita y las razones de su controversia con Maritain.
Es por ello que consideramos pertinente un estudio de la figura del padre Julio Meinvielle, para lo cual analizaremos algunos aspectos de su formación intelectual, su labor parroquial en Nuestra Señora de la Salud, su oposición a Maritain y su propio pensamiento político, refractario tanto al liberalismo como al fascismo con el que se lo intenta vincular, posiblemente por afán de simplificación. Para ello analizaremos de manera breve una serie de textos: Concepción católica de la política (1932), ¿Qué saldrá de la España que sangra? (1937), Hacia la cristiandad (1940), y De lamennais a Maritain (1945).
En primer lugar estudiaremos algunos aspectos de su biografía, centrándonos en su formación y su labor parroquial; luego el contexto de entre-guerras y los debates que se generaron en Argentina con el ascenso de los fascismos y muy especialmente el problema de la Guerra Civil Española, donde ya existe una disputa con Maritain, ante cuyo modelo propone el de una cristiandad integrista y anti-liberal en estrecha relación con las encíclicas políticas pontificias y en respuesta a Humanisme intégral, que culminará en la acusación pública contra el filósofo francés en De Lamennais a Maritain. Desde nuestra perspectiva, Meinvielle en lugar de representar el fascismo (en cualesquiera de sus formas) adhería a una forma de pensamiento católico integrista, más relacionado con Feliz Sardá y Salvany, una restauración del orden tradicional que ponía sus ojos en la reconstrucción de una cristianitas a la luz del Syllabus de Pío IX.

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