La filocalia para descargar

Luego de muchos pedidos de los lectores, ponemos a disposición de todos ustedes la Filocalia, la Φιλοκαλíα, el amor a la belleza. Como sabemos que el texto tiene una gran demanda decidimos colocar los enlaces de descarga primero, y luego una introducción histórica general.Si desea descargar el texto pdf en español, haga click aquí.

Aquí puede encontrar la Philokalia griega, recopilada por San Makarios de Corinto (Notaras) y editada por San Nikodemos la Hagiorita.

Πρώτος τόμος / primer volumen: FilokaliaA (PDF, 17 MB)

Δεύτερος τόμος / segundo volumen: FilokaliaB (PDF, 16 MB)

Τρίτος τόμος / tercer volumen: FilokaliaC (PDF, 18 MB)

Τέταρτος τόμος / cuarto volumen: FilokaliaD (PDF, 20 MB)

Πέμπτος τόμος / quinto volumen: FilokaliaE (PDF, 20 MB)

πίτομο αρχείο / archivo abreviado:  FilokaliaABCDE (PDF, 91 MB)

Εκτενές ευρετήριο στον πέμπτο τόμο / Índice extenso en el quinto volumen.

Πρώτη έκδοση (1782) / primera edición (1782):  Filokalia1782 (PDF, 118 MB)

Introducción histórica

En 1782 fue publicada por primera vez en Venecia, gracias al mecenazgo de Juan Mavrogordato, príncipe rumano la recopilación de la Filocalia, en la cual han colaborado San Nicodemo el Hagiorita, monje del Monte Athos (1749-1809) y el obispo Macario de Corinto (1731-1805). Se trataba de un voluminoso infolio de XVI-1207 páginas, divididas en dos columnas. Su nombre retornaba aquel ya dado por Basilio Magno y Gregorio Nazianzeno a una colección de pasajes de Orígenes por ellos elegidos.

La Filocalia es uno de los muchos textos o conjunto de obras patrísticas, de las cuales se ocupó Nicodemo, justamente en su ansia por poner al alcance de todos, los grandes textos de los Padres. De modo particular, él no se cansó de buscar aquello que pudiera servir para transmitir a todos la doctrina de la oración continua y, mediante ella, el estímulo a practicarla. Su genio, pero sobre todo su gran alma cristiana, formada en la escuela de las ideas derivadas de las Escrituras y de la tradición, le había hecho intuir cómo, el respiro profundo de la oración continua debe ser -más allá de las distintas formas que pueda asumir – la expresión viva de una vida cristiana alimentada por los sacramentos y, a la vez, un medio poderosísimo para la unión divina. Una oración, sin embargo, que como vemos nace, avanza y alcanza su plenitud sólo mediante la constante disposición a la sobriedad del corazón y del intelecto. La sobriedad es ese estado de vigilancia continua que mantiene el alma en una especie de ayuno espiritual, no excitado por los pensamientos y por las imaginaciones que producen pasiones, las que perjudican la oración y corrompen la sanidad transmitida por los sacramentos, obstaculizando su potencia deificante justamente por ello, la recopilación de Nicodemo llevará el nombre de Filocalia de los Padres Nípticos, es decir, “sobrios.”

La Filocalia conoce ahora su cuarta edición griega con los cinco volúmenes aparecidos en Astir de Atenas en los años 1974-76. Sobre éstos se basa nuestra traducción.

Una obra que tiene prácticamente los mismos textos y un título de igual significado (Dobrotolubiye), y que encontró gran acogida por las cristiandades eslavas, fue publicada por el anciano Païssy Velichkovsky en 1793 y reimpresa en 1822. En realidad, en cuanto a la obra de Païssy, no podemos hablar de una verdadera traducción de la recopilación de Nicodemo. De hecho, mientras Macario y Nicodemo se ocupaban de los textos que habían reunido en la Filocalia griega, Païssy también trabajaba en la recopilación y traducción sustancialmente de los mismos textos colocándolos, sin embargo, en un orden distinto del cronológico seguido por Nicodemo. Una vez publicada la Filocalia griega, Païssy continuó con su trabajo, y es muy probable que lo haya comparado con la recopilación de Nicodemo. La coincidencia es, sin embargo, singular y, por cierto, providencial. La Filocalia eslava, que había sido destinada a promover el renacimiento espiritual ruso del “Ochocientos,” fue compuesta recurriendo espontáneamente a las mismas fuentes a las cuales se habían dirigido Macario y Nicodemo. Sólo Linos pocos textos presentes en la versión griega son omitidos en la edición eslava. El Peregrino ruso, ya bien conocido en Occidente, llevaba consigo una vieja copia de la Filocalia de Païssy.

Entre 1876 y 1889, el obispo Teófano el Recluso, publicó una traducción en ruso que sería más amplia, ocupando cinco volúmenes.

En nuestro siglo existe un gran resurgimiento del interés por la Filocalia, por ejemplo en Rumania gracias, sobre todo, a la traducción completa de Dumitru Staniloae, en ocho volúmenes, terminada en 1979. En Occidente hay actualmente en curso traducciones que se proponen ser integrales, en francés (Abbaye de Bellefontaine, Bégrolles) y en inglés (Faber and Faber, Londres), basadas en el texto griego.

Libro "Fuera de la Iglesia no hay salvación"

El tratado que el lector tiene ahora entre sus manos, titulado Fuera de la Iglesia no hay salvación, de Jorge Maximov y publicado por Editorial Simeón, se inscribe dentro de una tradición antigua y siempre polémica: la afirmación, de raigambre patrística y neotestamentaria, de que la salvación humana se encuentra únicamente en Cristo y en la comunión de su Iglesia.

Este principio, formulado con particular vigor por San Cipriano de Cartago en el siglo III, atraviesa como un hilo de hierro toda la historia de la teología cristiana, y en la recepción ortodoxa adquiere un carácter central y definitorio. El libro no busca innovar en esa doctrina, sino presentarla, defenderla y exponer sus fundamentos bíblicos, patrísticos y dogmáticos frente a los malentendidos, atenuaciones o rechazos que han proliferado en la modernidad cristiana.

El volumen comienza con una declaración solemne, tomada de la predicación de San Macario (Glujarev), y enlaza inmediatamente con los testimonios de la Escritura: el mandato bautismal de Marcos, la palabra de Cristo a Nicodemo sobre el nacimiento “del agua y del Espíritu”, la confesión petrina de Hechos, y el insistente anuncio paulino sobre la exclusividad del Nombre de Jesús. El tono es misionero y combativo: no se trata de una elucubración teórica, sino de una advertencia vital, “de vida o muerte”.

El autor denuncia como “error letal” la idea contemporánea, incluso entre fieles ortodoxos (entendiéndolo como miembros de la Iglesia Ortodoxa), de que la bondad relativa o la “rectitud natural” bastarían para obtener salvación al margen de la Iglesia. Frente a esta visión benévola pero —según el texto— engañosa, se alinean voces de gran autoridad espiritual, como San Ignacio Brianchaninov o San Silvano del Athos, quienes insisten en que renunciar a la necesidad de Cristo es, en última instancia, renunciar al propio Cristo.

Uno de los aportes más interesantes del libro radica en su tratamiento de la cuestión misional y del destino de quienes jamás han oído hablar del Evangelio. Con riqueza de citas patrísticas, el autor se enfrenta a la aparente paradoja entre la voluntad salvífica universal de Dios y la insistencia en la exclusividad eclesial. La solución que ofrece (fiel al talante ortodoxo) es la confianza en la providencia divina: ningún corazón sincero que busque la verdad quedará sin respuesta; el Espíritu mismo prepara las almas y dispone encuentros providenciales para que la Iglesia llegue hasta ellas.

Se recurre a ejemplos hagiográficos: conversos venidos del paganismo, del islam o de la heterodoxia que, por caminos insospechados, encontraron la fe ortodoxa y fueron canonizados como santos. De esta manera, el texto equilibra un tono severo con una visión esperanzada, subrayando que la misericordia de Dios no contradice su verdad, sino que actúa precisamente conduciendo a los hombres hacia ella.

Más allá de su contexto inmediato, el libro es también una respuesta a las teologías pluralistas y al relativismo religioso de la época moderna. Contra la idea de un Dios “cruel” que excluiría a las multitudes no bautizadas, el autor replica que lo verdaderamente cruel sería reducir el cristianismo a simple ética o a mera disposición moral. La salvación, recuerda insistentemente, no es un “alojamiento confortable” después de la muerte, sino la unión viva con Cristo aquí y ahora.

El lector encontrará, en suma, una obra de doctrina precisa y de espíritu misionero, redactada con la convicción de quien cree que el anuncio de Cristo es un mandato ineludible. Puede discutirse su tono, su radicalidad o incluso su interpretación de la tradición; pero no cabe duda de que nos hallamos ante un testimonio vigoroso de la fe ortodoxa en su forma más clásica.

En tiempos marcados por el sincretismo y el escepticismo, Fuera de la Iglesia no hay salvación invita a una reflexión que trasciende la controversia: ¿qué significa, en definitiva, estar “en la Iglesia”? ¿Qué relación hay entre verdad, libertad y destino eterno? La obra ofrece un desafío teológico y espiritual, cuya recepción obliga al lector a situarse frente al misterio mismo de la salvación.

El problema de los “deuterocanónicos”

Entre los muchos accidentes del lenguaje teológico, pocos resultan tan persistentemente problemáticos como el término “deuterocanónico”. Aparecido en los debates del siglo XVI, esta palabra fue concebida para describir aquellos libros del Antiguo Testamento que, si bien fueron acogidos litúrgica y espiritualmente por la Iglesia, no habían recibido una canonización unánime en la antigüedad cristiana ni en el judaísmo de Jamnia. Pero como ocurre con las palabras, lo que comienza como clasificación pronto puede devenir jerarquía, y la jerarquía, sospecha.

El prefijo griego δεύτερος/”deuteros” (segundo) sugiere, queriéndolo o no, una suerte de canonicidad de segunda clase, como si la inspiración divina descendiera en grados o viniera por oleadas sucesivas. Esta insinuación de inferioridad se ve agravada cuando se contrasta con el término “protocanónico”, aplicado a los libros cuya autoridad nunca fue puesta en duda. Así, se genera una dicotomía artificial entre lo “plenamente inspirado” y lo “tardiamente admitido”.

Sin embargo, la historia de la recepción eclesial nos ofrece una imagen mucho más matizada. Libros como Sabiduría, Tobit, Eclesiástico y 2 Macabeos no fueron periferia silenciosa, sino alimento espiritual en la liturgia, en la patrística, y en la devoción popular. En el Oriente cristiano, como en amplias regiones de Occidente, estos textos eran proclamados en el coro, meditativamente incorporados en la oración pública y privada, y usados como referencia viva de la pedagogía divina.

El propio judaísmo helenista, lejos de rechazar tales escritos, los transmitió con veneración. La comunidad de Qumrán, el judaísmo alejandrino y diversos testimonios del judaísmo palestinense muestran un canon en formación, fluido, no cerrado. La rigidez con que a veces se presenta la exclusión de estos libros responde más a relecturas posteriores que a una realidad histórica unánime.

Por ello, resulta más adecuado recuperar términos más antiguos y reverentes, como “Hagiographa” (libros santos), usados por los Padres y por la tradición litúrgica. Estos términos lejos de clasificar, acogen; no jerarquizan, sino que veneran. Pues en definitiva, lo que confiere canonicidad (en el sentido espiritual del término) es la presencia viva de estos textos en la oración del Pueblo de Dios.

Que no nos extravíe el afán clasificatorio. No sea que, por precisar, empobrezcamos; que, por ordenar, excluyamos la gracia. Ubi caritas et amor, Deus ibi est; y en estos libros santos, ciertamente, hay caridad, sabiduría y consuelo. Recibámoslos, entonces, como se recibe a un peregrino venerable: no por su pasaporte, sino por la luz que trae consigo.

Obras Completas del Pseudo Dionisio Areopagita

Para acceder directamente al enlace de descarga haga click aquí, o vaya al final de la introducción.

En el silencio recogido del ábside, cuando las campanas cesan y la última vela arde con fatiga, es cuando la voz del Pseudo Dionisio se vuelve más clara. No grita, no impone, no diserta: susurra. Y su murmullo no viene del siglo primero, como él afirma con pía astucia, sino de esa penumbra venerable que es el cristianismo tardoantiguo, cuando la fe y la metafísica aún caminaban del brazo por los claustros del alma.

¿Quién fue este “Areopagita”, que no era ni de Atenas ni del tiempo de Pablo, pero que adoptó ese nombre con la misma reverencia con que un monje toma un hábito? No lo sabemos con certeza —y bendita sea tal ignorancia—, pues su anonimato no es una carencia sino un velo, y su ocultamiento no un defecto, sino una pedagogía. Mystica theologia, llama a uno de sus tratados. No doctrina, no suma, sino mystica: porque el conocimiento de Dios, en último término, no se posee, se recibe.

El presente volumen reúne el corpus completo de sus obras, traducidas con una sobriedad que honra el estilo original: La Jerarquía Celeste, La Jerarquía Eclesiástica, Los Nombres Divinos, Teología Mística y las Cartas. En estos textos, el lector no encontrará la exposición sistemática tan propia de la soberbia escolástica, sino un itinerario ascendente, una scala coeli donde cada peldaño está marcado por la purificación, la iluminación y la unión —esos tres verbos que son también tres fuegos.

El influjo de Dionisio es incalculable. Oriente lo veneró como un místico; Occidente lo canonizó casi como teólogo. San Máximo el Confesor fue su exégeta más fiel; Tomás de Aquino su lector más sistemático. La Divina Comedia de Dante le debe más de lo que suele admitirse.

Pero ¿qué relevancia tiene hoy Dionisio? En una época que exige claridad inmediata y desprecia el símbolo; que reduce lo espiritual a lo emocional, y la teología a sociología pastoral, Dionisio es una piedra de tropiezo y, precisamente por ello, una piedra angular. Nos recuerda que lo santo es inefable, que el lenguaje teológico ha de ser poético antes que práctico, y que lo divino no se capta por concepto, sino por comunión.

Aquí, entonces, no se ofrece simplemente una obra patrística. Se ofrece un mapa hacia la divina tiniebla, donde sólo quien ha renunciado a saber puede empezar a ver. Publicarla bajo el nuevo nombre de este sitio, Documenta Theologica, es un acto de custodia y de esperanza. Custodia, porque preservamos un testimonio que el mundo moderno preferiría olvidar. Esperanza, porque creemos que aún hay almas que, sedientas de lo alto, sabrán encontrar en estas páginas un vestigio de luz.

Ut innotescat nobis Deus, sicut est, per auctorem lucis, qui est supra omnem lucem: Jesus Christus Dominus noster. Amen.

The Message. El Mensaje, la Biblia en lenguaje contemporáneo

Nota bene: El siguiente post es una reelaboración y corrección de un trabajo que escribí en 2013.

En estos días, mientras revisaba el texto de una charla que di hace varios años en unas jornadas a las que fui invitado, me topé con un referencias superficiales a una versión de la Biblia que merece, al menos, una seria advertencia. Hoy tengo ese ejemplar mucho más estudiado y con varias anotaciones. A eso se suma que poco antes del 2020 conocí a un grupo que editaba y distribuía de forma gratuita un extracto de esta versión.

Se trata de la llamada The Message, realizada por el pastor protestante Eugene H. Peterson. El propio autor declara que no quiso traducir, sino “entregar el mensaje” de la Biblia en un lenguaje moderno y accesible. Eso ya lo dice todo: no estamos ante una traducción, sino ante una reescritura ideológica del texto sagrado.

El problema es doble. Por un lado es teológico, porque enfatiza que no busca una traducción académica, ni aún devocional, sino que parte de sus propias creencias religiosas. Por otro lado, es lingüistico, porque degrada el texto para presentarlo en una jerga banal y profana.

San Jerónimo advertía: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo” (Prólogo al comentario de Isaías). Y precisamente, cuando el texto se manipula, ya no se escucha a Cristo sino a la voz adulterada de un intérprete. Me gustaría presentar al lector una selección de pasajes.

Génesis 1, 1-2

“Earth was a soup of nothingness, a bottomless emptiness, an inky blackness. God’s Spirit brooded like a bird above the watery abyss.”

Traducción literal de esa versión:
Tierra era una sopa de nada, un vacío sin fondo, una negrura. El Espíritu de Dios se cernía como un pájaro sobre el abismo acuoso.”

Puntos críticos:

  • La solemne frase “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” se transforma en una vulgar “sopa de nada”.
  • La imagen del Espíritu Santo “como un pájaro” trivializa lo que la Tradición ha entendido como la acción creadora de la Sabiduría divina.

San Agustín, al meditar sobre el Génesis, escribe: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra, no en un tiempo cualquiera, sino en su Verbo, en quien y por quien se hizo todo” (Confesiones, XI, 9). Reducir este misterio a una “sopa de nada” es negarle su densidad ontológica.


Mateo 6, 9-13 (Padre Nuestro)

“Our Father in heaven, Reveal who you are. Set the world right; Do what’s best—as above, so below. Keep us alive with three square meals…”

Versión española derivada:
“Padre nuestro en los cielos, revela quién eres. Endereza el mundo. Haz lo que es mejor —como es arriba es abajo. Danos vida con tres comidas…”

Puntos críticos:

  • El “pan de cada día” se rebaja a “tres comidas”, reduciendo el don eucarístico a un menú de subsistencia.
  • La invocación “Hágase tu voluntad” se convierte en un eslogan esotérico: “as above, so below”, fórmula usada en el hermetismo gnóstico y la masonería.
  • La doxología final se diluye en frases exclamativas infantiles: “¡Estás ardiendo en belleza! ¡Sí, sí, sí!

San Jerónimo, comentando este pasaje, explica que “no pedimos pan material, sino el pan vivo que descendió del cielo” (Comentario a Mateo, VI, 11). Lo que en la Escritura es alimento celestial, The Message lo degrada a un almuerzo corriente.


Mateo 1, 18-25 (Nacimiento de Cristo)

“Joseph discovered she was pregnant… God’s Holy Spirit has made her pregnant.”

Versión española derivada:
“José descubrió que estaba embarazada… El Espíritu Santo de Dios la ha dejado embarazada.”

Puntos críticos:

  • Se habla del “lecho matrimonial” en términos vulgares, borrando la pureza del relato que es enfatizada en el el texto original.
  • El verbo “dejar embarazada” aplicado al Espíritu Santo es una blasfemia.
  • Se suprime la grandeza teológica de la concepción virginal, reduciéndola a un embarazo narrado en tono de novela costumbrista.

San Agustín lo dice con fuerza: “El mismo que la creó fue concebido en ella; su virginidad fecunda es el sello del milagro divino” (Sermón 186). Reducir este misterio a una vulgaridad narrativa es negar la majestad del Verbo encarnado.


La Palabra de Dios no necesita ser “modernizada”. El creyente cree que el Espíritu Santo inspiró el texto sagrado en la historia concreta, pero con un lenguaje eterno que sobrevive a las modas. The Message no es la Biblia: es una parodia herética que confunde al lector y lo aparta de la Tradición viva de la Iglesia. Lo que allí se transmite no es el Evangelio de Cristo, sino la subjetividad de un hombre.

San Jerónimo nos recuerda que traducir la Escritura exige reverencia y fidelidad, no ingenio literario. Y San Agustín advierte que el texto divino nos forma y juzga, no que nosotros lo reinventemos a gusto.

Quien ame la Escritura, quien busque en ella alimento de fe, debe huir de estas versiones degradadas que no transmiten vida, sino confusión.