Los hermanos de Jesús ¿Qué significa el término αδελφός en el Nuevo Testamento?

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El tema de los hermanos de Jesús es uno de los más interesantes de la crítica bíblica. En el siguiente artículo, trataremos el tema de la mención de esos “hermanos” en el Nuevo Testamento. ¿Quiénes eran realmente? ¿A qué se refieren los manuscritos con la palabra “hermano”? ¿Se trata de hijos de un mismo padre, o puede significar además otra cosa?

Los vocablos en las lengua originales

Siempre que tratamos con la Biblia tenemos que remitirnos a las lenguas originales y a los manuscritos más antiguos. Ese fue el ejemplo que siguió San Jerónimo cuando tradujo las Sagradas Escrituras al latín en la versión conocida como “Vulgata Latina”.1

Para el antiguo Testamento tenemos, como se señaló en oportunidades anteriores el hebreo, el arameo y algunos textos en griego. Del Nuevo Testamento, han sobrevivido únicamente textos en griego, pero sabemos que existía una versión hebrea del Evangelio de Mateo. Además, cualquier persona que conozca griego koiné, se dará cuenta que la gramática de los evangelios está lejos de ser de manual: es evidente que fueron escritos por personas que tenían al griego como una segunda lengua, y en el caso específico del Evangelio de San Mateo, que se trata de una traducción.

Si tomamos una versión en español de las Sagradas Escrituras, veremos que (dependiendo de la traducción) el vocablo “hermano” aparece por lo menos 383 veces en un total de 340 versículos.

En griego, el término “hermano” aparece por primera vez en el Génesis, en el relato de Caín y Abel. El término es αδελφός, como podemos ver en Gen 4:2

καὶ προσέθηκεν τεκεῖν τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ τὸν Αβελ. καὶ ἐγένετο Αβελ ποιμὴν προβάτων, Καιν δὲ ἦν ἐργαζόμενος τὴν γῆν

¿Qué significa en griego αδελφός?

En el griego clásico la traducción literal es de αδελφός es “hermano”, o también “hijo de alguno de los padres”. Por ejemplo, en  Mc 6:17-18 que Herdores Antipas y Filipo se dice que eran hermanos, y que el primero se había quedado con la esposa del segundo:

αὐτὸς γὰρ ὁ ῾Ηρῴδης ἀποστείλας ἐκράτησε τὸν ᾿Ιωάννην καὶ ἔδησεν αὐτὸν ἐν φυλακῇ διὰ ῾Ηρῳδιάδα τὴν γυναῖκα Φιλίππου τοῦ ἀδελφοῦαὐτοῦ, ὅτι αὐτὴν ἐγάμησεν.

ἔλεγε γὰρ ὁ ᾿Ιωάννης τῷ ῾Ηρῴδῃ ὅτι οὐκ ἔξεστί σοι ἔχειν τὴν γυναῖκα τοῦ ἀδελφοῦ σου.

Según Flavio Josefo, eran hermanos únicamente por parte de padre, lo cual no sería el uso más estricto del término, ya que en realidad, designaba a aquellos que nacieron de la misma madre, o mejor aún, del mismo vientre.2 En la versión griega de la Biblia, más conocida como Septuaginta, el término griego no se refiere siempre al caso estricto de “hermanos”. Veamos, por ejemplo Génesis 13:8, que trata sobre la separación de Abraham y Lot:

εἶπεν δὲ Αβραμ τῷ Λωτ Μὴ ἔστω μάχη ἀνὰ μέσον ἐμοῦ καὶ σοῦ καὶ ἀνὰ μέσον τῶν ποιμένων μου καὶ ἀνὰ μέσον τῶν ποιμένων σου. ὅτι ἄνθρωποι ἀδελφοὶἡμεῖς ἐσμεν

Su traducción sería:

Y dijo Abram a Lot: «No haya riña entre mí y ti; y entre mis pastores y tus pastores; que hombres hermanos nosotros somos.

Ahora ¿Era Abraham hermano de Lot? Si vamos a Génesis 11:27 veremos que en realidad eran tío y sobrino. Ponemos texto directamente en español:

Y estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abrám, y Nacor y Arán; y Arán engendró a Lot.

Lot no era hijo de Taré, padre de Abraham, sino de Arán, hermano de este. No obstante, el término con el que se refiere a Abraham y Lot es el de hermanos, o en griego ἀδελφοὶ.

¿Por qué se usa esta palabra en la traducción griega? Simple: en hebreo no existe un término para designar a los sobrinos, primos u otro tipo de parentesco que no sea el de padre, madre o hermano. Esto tiene relación con la configuración antropológica de las familias semitas. En hebreo, la palabra para designar, por lo tanto a cualesquier pariente que no sea padre-madre-hijo es siempre אח y no existe otro vocablo para ello. Veamos el texto de Génesis 13:8, en el que Abraham dice a Lot que son hermanos, pero esta vez en hebreo:

וַיֹּ֨אמֶר אַבְרָ֜ם אֶל־ל֗וֹטאַל־נָ֨א תְהִ֤י מְרִיבָה֙ בֵּינִ֣י וּבֵינֶ֔יךָ וּבֵ֥ין רֹעַ֖י וּבֵ֣ין רֹעֶ֑יךָ כִּֽי־אֲנָשִׁ֥ים אַחִ֖ים אֲנָֽחְנוּ

Su traducción más literal sería:

Y Abram dijo a Lot “Dejemos aqui, yo te ruego que no haya altercado entre mí y ti, entre mis pastores y tus pastores, porque nosotros [somos] hombres-hermanos.

Los hermanos de Jesús

Vayamos entonces al texto tan discutido de los “hermanos de Jesús”. Se hace mención en ello en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) en Mateo 12: 47-50

εἶπεν δέ τις αὐτῷ· Ἰδοὺ ἡ μήτηρ σου καὶ οἱ ἀδελφοί σου ἔξω ἑστήκασιν, ζητοῦντές σοι λαλῆσαι. ὁ δὲ ἀποκριθεὶς εἶπεν τῷ λέγοντι αὐτῷ· Τίς ἐστιν ἡ μήτηρ μου, καὶ τίνες εἰσὶν οἱ ἀδελφοί μου; καὶ ἐκτείνας τὴν χεῖρα αὐτοῦ ἐπὶ τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ εἶπεν· Ἰδοὺ ἡ μήτηρ μου καὶ οἱ ἀδελφοί μου· ὅστις γὰρ ἂν ποιήσῃ τὸ θέλημα τοῦ πατρός μου τοῦ ἐν οὐρανοῖς, αὐτός μου ἀδελφὸς καὶ ἀδελφὴ καὶ μήτηρ ἐστίν.

Y uno le dijo: He aquí, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.  Y él respondiendo, dijo al que le hablaba: “¿Quién es mi madre? ¿y quiénes son mis hermanos?”  Y habiendo extendiendo su mano hacia sus discípulos de él, dijo: “¡He aquí mi madre y mis hermanos!  Porque todo el que puede hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos, él es mi hermano, y hermana, y madre.”

Aquí se menciona el término ἀδελφοί por primera vez en relación a Jesús en los evangelios sinópticos. La segunda vez que el término aparece nos aporta un poco más de información, ya que nos da los nombres de estos ἀδελφοί:

οὐχ οὗτός ἐστιν ὁ τοῦ τέκτονος υἱός; οὐχ ἡ μήτηρ αὐτοῦ λέγεται Μαριὰμ καὶ οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ Ἰάκωβος καὶ Ἰωσὴφ καὶ Σίμων καὶ Ἰούδας; καὶ αἱ ἀδελφαὶ αὐτοῦ οὐχὶ πᾶσαι πρὸς ἡμᾶς εἰσιν; πόθεν οὖν τούτῳ ταῦτα πάντα;

Aquí somos testigos de cómo los vecinos de Nazareth se maravillaban al oír a Jesús predicar. Mencionan el nombre de sus hermanos: Santiago, José, Judas y Simón (el orden varía según el manuscrito) y de algunas hermanas, que no aparecen en ningún evangelio canónico. A cualquiera le parecería una familia numerosa. Si nosotros creemos que tenemos que traducir e interpretar literalmente las palabras ἀδελφοὶ y ἀδελφαὶ como “hermanos” y “hermanas” en tanto hijos de los mismos progenitores, entonces no cabría duda que Jesús era el mayor de todos esos hijos ya que en los relatos de la concepción y nacimiento de Cristo, queda patente que era el primogénito de José y María.  Lo que llama la atención, también, en el texto de Mateo 13: 55-56 es que, al tiempo que se utiliza la fórmula plural para designar a los “hermanos de él” (ἀδελφοὶ αὐτοῦ), se utiliza el singular para signar la relación con José, su padre, se dice que es hijo, en singular υἱός, y no παιδιά, en su forma plural.

Si buscamos el mismo pasaje en la Peshitta, la versión aramea de las Sagradas Escrituras encontraremos que se habla del hijo del carpintero, no de uno de los hijos:

Pero lo que nos trae mucha más luz a la relación de Jesús con sus hermanos es el pasaje de Juan 7: 3-10 en el que se nos informa que ellos le reprendieron y le exigieron que se manifestara como el Mesías:

Εἶπον οὖν πρὸς αὐτὸν οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ Μετάβηθι ἐντεῦθεν καὶ ὕπαγε εἰς τὴν Ἰουδαίαν, ἵνα καὶ οἱ μαθηταί σου θεωρήσουσιν [σοῦ] τὰ ἔργα ἃ ποιεῖς: οὐδεὶς γάρ τι ἐν κρυπτῷ ποιεῖ καὶ ζητεῖ αὐτὸς ἐν παρρησίᾳ εἶναι: εἰ ταῦτα ποιεῖς, φανέρωσον σεαυτὸν τῷ κόσμῳ. οὐδὲ γὰρ οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ ἐπίστευον εἰς αὐτόν. λέγει οὖν αὐτοῖς ὁ Ἰησοῦς Ὁ καιρὸς ὁ ἐμὸς οὔπω πάρεστιν, ὁ δὲ καιρὸς ὁ ὑμέτερος πάντοτέ ἐστιν ἕτοιμος. οὐ δύναται ὁ κόσμος μισεῖν ὑμᾶς, ἐμὲ δὲ μισεῖ, ὅτι ἐγὼ μαρτυρῶ περὶ αὐτοῦ ὅτι τὰ ἔργα αὐτοῦ πονηρά ἐστιν. ὑμεῖς ἀνάβητε εἰς τὴν ἑορτήν: ἐγὼ οὔπω ἀναβαίνω εἰς τὴν ἑορτὴν ταύτην, ὅτι ὁ ἐμὸς καιρὸς οὔπω πεπλήρωται. ταῦτα δὲ εἰπὼν αὐτοῖς ἔμεινεν ἐν τῇ Γαλιλαίᾳ.

Dijeron, pues, a él sus hermanos: «Pásate de aquí y vete a la Judea, para que también tus discípulos vean tus obras que haces; pues nadie algo en oculto hace; y busca él mismo en libre habla estar. Si esto haces, manifiéstate al mundo». Pues ni sus hermanos creían en él. Díceles, pues, Jesús: «El tiempo el mío aún no ha llegado; pero el tiempo, el vuestro, siempre está preparado. No puede el mundo aborreceros, pero a mí aborrece; porque yo atestiguo acerca de él que sus obras malas son. Vosotros subid a la fiesta, yo aún no subo a esta fiesta; porque mi tiempo aún no está cumplido». Y, esto diciéndoles, quedó en la Galilea.

¿Era normal en la cultura hebrea del primer siglo que los hermanos menores reprendieran a un hermano mayor? De ninguna manera. Eso era impensable. Como explica R. De Vaux en su libro Las instituciones del Antiguo Testamento, el hijo primogénito al morir el padre, recibía una triple bendición: la jefatura de la familia, la primacía ceremonial religiosa y la doble herencia de la tierra. Jesús no era únicamente el primero de los hijos, era además el jefe de la familia y el líder religioso de la misma, como tal, le correspondía a él la realización de los sacrificios, ofrendas y demás ceremonias prescriptas en los rituales. ¿Cómo es posible que Jesucristo, siendo el hijo primogénito (τὸν πρωτότοκον Lc 2: 7), pudiera recibir órdenes y reprensiones de sus hermanos (ἀδελφοὶ)? De ninguna manera podría ocurrir semejante situación. Muchos menos aún puede entenderse que, teniendo hermanos, él entregara al cuidado de uno de sus discípulos a su propia madre (Juan 19:26).

Es por ello que debemos interpretar que el término ἀδελφοὶ no es sino, una traducción literal del hebreo אח, es decir, un “hermano” un miembro de la familia que no es ni padre ni madre.

Una consideración sobre las versiones hebreas del Evangelio de Mateo

Me parece muy importante hacer una breve referencia a las versiones hebreas del evangelio de Mateo. Las mismas no eran muy conocidas fuera de los ámbitos académicos hasta que en época reciente, cobraron notoriedad y divulgación gracias al movimiento judío mesiánico. Estas versiones son, salvo quizás un solo caso, traducciones al hebreo del texto griego. La mas famosas de esas traducciones del griego al hebreo es el llamado Mateo de Shem Tob, dentro de un volumen que contiene la disputa entre el Cardenal Pedro de Luna (posteriormente Antipapa Benedicto XIII) y el judío sefardí Shem Tov ben Isaac ben Shaprut, de quien toma el nombre. El texto de Mateo se encuentra intercalado en el libro llamado Eben Boham. En el año 1987, el filólogo y hebraísta George Howard extrajo el texto de Mateo, traduciéndolo y publicándolo bajo el título de The Gospel of Matthew according to a primitive Hebrew text. Otra versión de Mateo hebreo es el publicado por Sebastián Münster en 1537. Este fue un judío converso español que tomó un texto de mateo que circulaba entre los judíos sefaraditas y posteriormente lo corrigió con el texto griego. Lamentablemente no quedaron constancias de cuales fueron las enmiendas de Müster.

Finalmente, y mucho más interesante, es el llamado Mateo du Tillet, conservado en la Biblioteca Nacional de París bajo la signatura Heb.MSS.132. El texto posee importantes pocas divergencias con los manuscritos griegos más antiguos y difiere del Textus Receptus en tanto este lo hace del Codex Sinaiticus y del Vaticanus.3

Si vemos el texto de Mt 13:55, dónde se menciona el nombre de los hermanos de Jesús, vemos que aparece la palabra אח:

הלא זההוא בן־החרש הלאשם אמו מרים ואחיו יעקב ויוסי ושמעון ויהודה

En Mt 23:8 Jesús dice que todos sus discípulos eran hermanos entre ellos, formaban parte de una misma familia:

ואתם אל־יקרא לכם רבי כיאחד הוא מוריכם המשיח ואתם אחים כלכם

Y finalmente, en Mateo 28:10, cuando en el texto griego Jesús dice:

τότε λέγει αὐταῖς ὁ Ἰησοῦς· Μὴ φοβεῖσθε· ὑπάγετε ἀπαγγείλατε τοῖς ἀδελφοῖς μου ἵνα ἀπέλθωσιν εἰς τὴν Γαλιλαίαν, κἀκεῖ με ὄψονται.

En el texto hebreo de Du Tillet se vierte:

ויאמר אליהן ישוע אל־תיראן לכנה והגדנה לאחי וילכו הגלילה ושם יראוני

Por consiguiente, el término “hermano” tal como aparece en la Biblia no siempre refleja la relación de hijos de un mismo padre, sino que corresponde al concepto hebreo אח con el que se designa a los miembros de una misma familia. El cristianismo, en el mismo sentido que el judaismo, extendía la noción de hermandad no sólo al clan, sino también a los miembros de la misma confraternidad religiosa. Así, en en Hecho 1:15 se menciona a la comunidad cristiana como ἀδελφοὶ. La misma palabra aparece en Hechos 11:1 y 11:29.

Conclusiones

Como hemos podido ver, no existe ninguna prueba en el Nuevo Testamento de que los hermanos de Jesús fueran hijos de José y María, al contrario, como estos dan consejos a Jesús y hasta le reprenden, demostraría que se trata en realidad de parientes mayores a él, sobre todo, teniendo en cuenta se dice que Jesús era el hijo primogénito (τὸν πρωτότοκον Lc 2: 7) de José y María, por lo que se descartaría además que estos hermanos fueran hijos de un anterior matrimonio de José. De la misma manera, hemos comprobado que el término ἀδελφοὶ no implica, en los manuscritos griegos “hijos de un mismo padre”, sino “parientes”, ya que es la traducción del griego koiné del vocablo hebreo אח.


Notas

1Kenyon, Frederic, Our Bible and the Ancient Manuscripts , London, 1939., pp. 81.

2Segal, Charles, Tragedy and Civilization: an interpretation of Sophocles,1989, pp. 184.

3Al presente no existe en español ninguna traducción directa de este manuscrito, y menos aún una que sea crítica. Hay, no obstante, una traducción realizada por Pr. José Álvarez a partir de la versión inglesa del Dr. James Scott Trimm. He tenido la oportunidad de conseguir una copia fotográfica de los folios que componen el texto y realicé una primera traducción en el año 2009, cuando por primera vez se puso en duda la traducción de Trimm.  En el año 2012 realicé una nueva traducción crítica que aún no he podido publicar. Las citas que se presentan a continuación corresponde a la transliteración que realicé del códice y a mi traducción.

SBLGNT: Nuevo Testamento Griego de la SBL

En el ámbito de los estudios neotestamentarios, el acceso al texto griego ha estado tradicionalmente mediado por dos grandes familias editoriales: el Novum Testamentum Graece de Nestle–Aland y el texto de las United Bible Societies. Ambas ediciones, con sus sucesivas revisiones, se han convertido en el estándar indiscutido de la crítica textual contemporánea. Sin embargo, su misma condición de referencia canónica ha tendido a fijar un cierto monopolio editorial que no siempre favorece la comparación de criterios ni la libre circulación del texto. En este contexto, la aparición del SBL Greek New Testament (SBLGNT), editado por Michael W. Holmes para la Society of Biblical Literature, constituye una intervención discreta pero significativa en el panorama académico.

El SBLGNT no se presenta como una ruptura metodológica ni como un intento de sustituir a las ediciones críticas tradicionales. Su aporte es más preciso: ofrecer una reconstrucción ecléctica del texto griego basada en la comparación sistemática de las principales ediciones modernas (especialmente Westcott–Hort, Tregelles, el texto subyacente a la NIV y la tradición bizantina de Robinson–Pierpont) y establecer, a partir de ese diálogo editorial, una serie de decisiones textuales propias. El resultado es un texto que, aun manteniéndose dentro del consenso crítico contemporáneo, introduce un número apreciable de lecturas alternativas y obliga al investigador a no identificar automáticamente “texto crítico” con “texto Nestle–Aland”.

Desde el punto de vista metodológico, el rasgo más interesante de la edición reside en su aparato crítico. A diferencia de los sistemas clásicos, que remiten directamente a familias manuscritas, papiros y unciales, el SBLGNT opta por un aparato comparativo de ediciones. Esto desplaza el eje desde la mera acumulación de testigos hacia la historia de las decisiones editoriales. El lector no sólo ve qué variantes existen, sino qué opciones han sido preferidas por distintos proyectos críticos. Se trata, en cierto modo, de una pedagogía de la crítica textual: el texto aparece como el resultado de juicios históricos y razonados, no como una autoridad neutra e indiscutible.

Este enfoque tiene consecuencias prácticas relevantes. Para el estudiante avanzado y para el docente, el SBLGNT facilita el análisis comparativo sin la complejidad técnica que suele desalentar a quienes no están especializados en paleografía o codicología. La edición se convierte así en una herramienta intermedia entre el texto “limpio” de lectura y el aparato exhaustivo de las grandes ediciones científicas. Permite trabajar críticamente el texto sin quedar atrapado en una selva de siglas.

A ello se suma un aspecto no menor: su política de acceso abierto. La disponibilidad del texto bajo licencia libre, en formatos digitales estandarizados y con codificación Unicode, elimina obstáculos materiales que durante décadas acompañaron el estudio del griego bíblico. Esta decisión es cultural: restituye el texto neotestamentario al ámbito común de la investigación y de la enseñanza, favoreciendo su integración en entornos digitales, bases de datos, proyectos académicos y materiales didácticos sin restricciones editoriales. En tiempos de creciente dependencia de plataformas comerciales, esta apertura representa un gesto coherente con la vocación pública de la filología bíblica.

Desde una perspectiva estrictamente textual, el SBLGNT no modifica sustancialmente el perfil general del texto crítico contemporáneo. Sus divergencias son puntuales y rara vez afectan pasajes doctrinalmente decisivos. Su valor no radica, por tanto, en ofrecer “novedades espectaculares”, sino en recordar algo más fundamental: que todo texto crítico es una construcción editorial, provisional y revisable. En este sentido, el SBLGNT cumple una función saludable al desnaturalizar la hegemonía de una única edición y reabrir el espacio de la discusión.

Puede afirmarse, en consecuencia, que el SBL Greek New Testament no sustituye a Nestle–Aland ni al UBS, pero los complementa de manera eficaz. Es una edición particularmente adecuada para la docencia universitaria, para la lectura continua del texto griego y para el trabajo comparativo en crítica textual. Su claridad tipográfica, su aparato racionalizado y su libre disponibilidad lo convierten en un instrumento de notable utilidad académica.

En definitiva, el SBLGNT recuerda que el estudio del Nuevo Testamento en griego no debe reducirse a la veneración de un texto único, sino que exige el ejercicio constante del juicio filológico. En esa tarea, contar con ediciones plurales, abiertas y metodológicamente transparentes no es un lujo, sino una necesidad intelectual.

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A continuación, compartimos la introducción a esta obra en PDF.

Septuaginta de Guillermo Jünemann – Edición completa en PDF para descargar

Hace un tiempo compartí un archivo ejecutable que permitía acceder al monumental trabajo del P. Guillermo Jünemann, el primer traductor que vertió íntegramente al español la Septuaginta y el Nuevo Testamento griego. Muchos lectores me escribieron buscando una versión más accesible, compatible con todos los dispositivos y apta para estudio profundo. Hoy pongo a disposición la edición completa en PDF, ideal para lectura digital, búsqueda por palabras clave e impresión.

La traducción del P. Guillermo Jünemann (1935–1951) ocupa un lugar singular en la historia bíblica en lengua española. Se trató de una empresa filológica que refleja un contacto directo y riguroso con los manuscritos griegos disponibles en su época. Su trabajo con la versión de los LXX, realizado antes de la edición crítica de Göttingen, anticipa varias decisiones textuales que más tarde serían confirmadas por la crítica moderna. En el Nuevo Testamento, Jünemann sigue mayormente el texto de Nestle pero introduce notas personales, soluciones léxicas arriesgadas y un estilo deliberadamente literal, cercano al griego koiné.

Para el lector especializado, esta edición digital ofrece varias ventajas: en primer lugar acceso inmediato al texto completo sin fragmentación, luego la posibilidad de realizar búsquedas léxicas y comparaciones con ediciones críticas actuales, y finalmente la facilidad para cotejar terminología griega y sus equivalentes castellanos.

Un corpus que, aun con sus límites, es imprescindible para comprender la recepción hispanoamericana de la Biblia griega y su impacto en la teología, la liturgia y la exégesis del siglo XX y XXI.

Conservar y difundir esta traducción es contribuir a la continuidad de una tradición bíblica que en el mundo hispánico ha sido históricamente más frágil de lo que imaginamos, pero que ha tenido grandes lumbreras, como es el caso de Monseñor Straubinger.

La Versión Israelita Nazarena: un análisis crítico

Toda persona que desee realizar un estudio serio sobre la Biblia tiene que tener, por lo menos en su Biblioteca física dos o tres versiones de la Escritura. Hoy en día contamos, además, con herramientas informáticas que nos permiten atesorar en nuestra computadora cientos de versiones diferentes. Una de esas herramientas es el software E-Sword, que recomiendo descargar.

Una de las versiones que tengo en mi biblioteca, tanto en papel como digital es el Brit Jadashá (Nuevo Pacto), editado en Buenos Aires en 1977 y preparado por el presbítero Luis Guillermo Brasesco. El volumen es interesante y en realidad, se trata de una traducción del texto griego al hebreo moderno. Lo compré como una curiosidad en una mesa de saldos por $38 y hace unos años vi a unos u$d 129 (al tipo de cambio actual). Pero en los últimos años, aparecieron docenas de versiones hebreas del Nuevo Testamento, supuestamente traducidas de manuscritos hebreos por eruditos de los que nunca habíamos oído hablar, ni tampoco habíamos leído.

La primera vez que me tope con el fenómeno fue en el año 2003 y se trataba de una traducción del manuscrito Du Tillet, una versión medieval del Evangelio según San Mateo, realizada por el Dr. James Scott Trimm. El texto se conserva en la Biblioteca Nacional de París bajo la signatura Manuscrito hebreo No. 132.1 Posteriormente, hacia el 2005 una persona me compartió la traducción de José Álvarez, publicada bajo el nombre de “Yosef Aharoni”. Como yo tenía el texto en inglés hice una comparación entre la edición entre aquel idioma y el español y encontré algunas diferencias. No obstante, como no tenía el manuscrito hebreo Du Tillet (ni una transcripción) no podía avanzar demasiado. A partir de aquel momento comencé a investigar más y encontré que esta fiebre por las versiones hebreas del Nuevo Testamento estaban hermanadas con el movimiento de “Judíos mesiánicos”, es decir, congregaciones protestantes y católicas, dónde sus miembros se visten como judíos y simulan ser judíos que creen en Jesús.

Mi intención ahora es realizar un breve análisis sobre una de estas versiones “mesiánicas”, especialmente la que preparó José Álvarez, mencionado líneas arriba.

Sobre el “traductor” y el contexto de producción

José Alvarez posee el título de “moreh”, es decir, maestro. Le fue otorgado, no por un seminario rabínico judío, sino por una institución mesiánica. Por lo que sabemos según su sitio de internet era un Adventista del Séptimo Día. Se graduó de Bachillerato en Teología en el año 1965, en el Colegio de las Antillas y allí estudio griego koiné. El griego es un idioma obligatorio para todo aquel que estudie teología, no obstante, hay una gran diferencia entre “entender griego” y “dominar el griego”. Se espera que un teólogo o un filólogo tengan la pericia suficiente de dominar el idioma. Según lo que pude apreciar del trabajo de José Álvarez él entiende griego, pero no lo domina. Esto se aprecia en la “traducción” de Juan 1, donde reproduce los mismos errores que la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. También nos dice que tiene una maestría en psicología clínica y que posteriormente, se dedicó al estudio autodidacta del hebreo. Aclara que lo hizo con la ayuda de judíos de varias sinagogas, pero no de manera sistemática ni contó con un profesor. En 1972 inició la publicación de La Senda Antigua, que ahora se publica en Internet y desde entonces ha trabajado en el judaísmo mesiánico y el “movimiento de restauración del nombre sagrado”.

Según su propia página “su obra cumbre es una edición de las Escrituras Sagradas de Israel, llamada Versión Israelita Nazarena (VIN)”. Sin embargo, en el sitio se afirma:

No se considera perito en los idiomas bíblicos, por lo tanto su obra se describe como una edición especial basada en las mejores traducciones judías y cristianas, cotejada fielmente con los textos hebreos y griegos. Pero las correcciones y mejoras que se han hecho sobre las versiones tradicionales son innumerables y de gran importancia para los estudiantes de las Escrituras Hebreas.

Esto suena cuando menos contradictorio, porque un persona con honestidad intelectual que decida ponerse a realizar un trabajo serio sobre la Sagrada Escritura, llámese traducción o por lo menos edición, tiene que tener un competente conocimiento sobre hebreo y griego, además de un excelente dominio sobre el idioma al cual piensa volcar la traducción. En efecto, un trabajo de traducción no es algo sencillo, menos aún de la Biblia. Y ningún estudiante de las Sagradas Escrituras puede dejar de mirar con desconfianza una versión cuyo principal autor es… alguien que ha demostrado importantes falencias en un griego tan elemental como el de Juan 1.

¿Qué documentos utilizó José Álvarez pára su traducción?

Cuando tengo ante mi una Biblia de estudio me gusta saber que manuscritos fueron empleados. Aún cuando se trate de manuscritos problemáticos, creo que tengo derecho, como cualesquier estudiantes conocer los documentos empleados por los traductores. No basta decir “se utilizaron los manuscritos hebreos” o “esta versión fue producida siguiendo el texto masorético”, porque uno puede preguntar, con toda sinceridad y sin ofender a nadie: “¿pero qué versión del masorético?” o mejor “¿Cuáles manuscritos hebreos? ¿Con qué manuscritos los cotejó? ¿Cuál fue el criterio de selección?”

Daré un ejemplo de una versión de la Biblia que ha sido muy criticada, especialmente por grupos protestantes: la Nueva Versión Internacional. Esta edición parte, para el Nuevo Testamento, no del Textus Receptus como la Reina Valera, sino del Texto Crítico.2 Además, esta versión tiene entre sus notas referencias al Textus Receptus, la Peshitta y el Texto Bizantino para el Nuevo Testamento (entre otras), y para el Antiguo, señala las discrepancias entre diferentes ediciones del Masorético (en primer lugar la Biblia Hebraica Stuttgartensia), los Rollos de Mar Muerto, el Pentateuco Samaritano, el Aquila, el Symmachus, la Vulgata Latina, la Peshitta, etc. Uno lamenta que no haya referencias adecuadas a la Septuaginta, y eso quizás es una de las principales razones por las cuales (a mi modesto entender) la versión de Nácar-Colunga aventaja a la NVI.

Pero volviendo: en la NVI, al igual que la Reina Valera Gómez o en la Biblia de Jerusalén tenemos referencias a qué fuentes se emplearon para hacer la traducción. En cambio, en la Versión Israelita Mesiánica sólo contamos con algunas referencias imprecisas. Así sabemos que:

Para el Antiguo Testamento se recurrió a los manuscritos hebreos originales. Me gustaría saber dónde se encuentran, porque hasta ahora es conocido que sólo tenemos copias antiguas y ninguna completa e intacta.

Para el Nuevo Testamento se recurrió:

Mateo Hebreo du Tillet de Yosef Aharoni (José Álvarez), que es una traducción problemática del texto de James Scott Trimm.

Se recurrió a los manuscritos hebreos de los textos del Nuevo Testamento. Esto es sorprendente porque esas versiones no son conocidas, y estaría encantado de tener ante mi alguno de esos “manuscritos”.

En otros casos se volcó del griego al hebreo para recuperar el sentido original. Esto no tiene mucho sentido, además de que viola alguna que otra regla filológica.

Bueno, yo me tomé el trabajo con el software E-Sword y empecé a comparar versículos entre varias versiones. Tomé varias ediciones de la Biblia y las cotejé con la edición de Álvarez y mis resultados son los siguientes:

a) El Antiguo Testamento es la Reina Valera Actualizada “corregida” con la Versión del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras de los Testigos de Jehová. Se remplazan todos los nombres por sus equivalentes hebreos y el hombre de Dios por el tetragrama. Se eliminaron todas las referencias a la unidad compuesta de la Divinidad.

b) Para el Nuevo Testamento:

El Mateo Du Tillet en su traducción particular de Álvarez… mantengo la misma observación.

Los evangelios de Marcos, Juan, las cartas 1 y 2 a Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, son la Reina Valera Actualizada, edición 1989, corregida con fragmentos de la Versión del Nuevo Mundo, de los Testigos de Jehová.

Lucas, Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 de Juan, Judas, y Apocalipsis son la Versión Moderna de Enrique Pratt, con un lenguaje modernizado, ya que la versión es de 1893.

Filemón es una amalgama entre la Traducción del Nuevo Mundo con la la Reina Valera Antigua.

Características de la VIN

Salvando el hecho de que, como versión es pésima, hay algunas cosas que merecen ser puntualizadas luego de un análisis del texto que presenta Jose Álvarez:

El texto se caracteriza por volcar a la versión hebrea todos los nombres propios. Mi pregunta es ¿Esto ayuda al estudio o en todo caso lo entorpece? No hay una tabla de conversión ni notas de traducción, ni tampoco referencias a qué forma del nombre se eligió y cual no. Por ejemplo, para Josué y Jesús se emplea la misma, cuando en realidad, en las versiones rabínicas y siríacas Jesús es nombrado Yashua y no Yahoshúa. Tampoco explica el autor porqué no respetó la forma hebrea de Arquelao, o por lo menos una transliteración hebrea de ארקילאוס. Estimo que, como hizo en el pasado, el autor “corregirá” este error.

La versión es fuertemente anti-trinitaria, pero no explica porqué prefiere tal o cual traducción. Esto se arreglaría con notas… que no incorpora.

En Isaías 9:6, profecía mesiánica vuelca El-Gibor como “Héroe” cuando en realidad dice “Dios Fuerte”. Curiosamente en el mismo libro, 10: 21 traduce “Elohim Fuerte”.

Niega deliberadamente la divinidad de Jesús:

Toda lengua confiese que Yahoshúa el Mashíaj es soberano, para gloria de Yahweh el Padre. (Filipenses 2:11 VIN)

Esto no aparece en ninguno de los manuscritos más antiguos, al contrario, leemos:

καὶ πᾶσα γλῶσσα ἐξομολογήσηται ὅτι κύριος Ἰησοῦς Χριστὸς εἰς δόξαν θεοῦ πατρός.

En un estudio que llevé a cabo, pude demostrar que los textos del Antiguo Testamento revelan que la Deidad no se presenta como una única persona indivisible, sino más bien como una unidad compuesta.3 Esta concepción también se refleja en la teología neotestamentaria de manera coherente. A pesar de esto, es importante señalar que afirmar que Yavé o Jehová es exclusivamente el Dios Padre sería, cuando menos, un error.

Los textos del Antiguo Testamento nos ofrecen una visión de la Deidad que va más allá de la simplicidad de una sola entidad divina. Encontramos indicios de una estructura compleja que sugiere una relación intrínseca entre las distintas facetas de la Deidad. Este concepto de unidad compuesta se refleja de manera similar en la teología neotestamentaria, lo que subraya la continuidad de esta comprensión a lo largo de la historia bíblica.

Es importante tener en cuenta que la idea de que Yavé o Jehová es exclusivamente equiparable al Dios Padre puede llevar a una interpretación limitada. La naturaleza multifacética de la Deidad en los textos bíblicos sugiere que esta comprensión podría ser más profunda y matizada de lo que algunas afirmaciones simplistas podrían sugerir. Reconocer las distintas dimensiones de la Deidad puede enriquecer nuestra apreciación de su naturaleza compleja y misteriosa.

En resumen, mi estudio reveló que tanto en los textos del Antiguo Testamento como en la teología neotestamentaria, se puede encontrar una noción de la Deidad como una unidad compuesta en lugar de una única persona. Por lo tanto, afirmar que Yavé o Jehová es exclusivamente el Dios Padre sería una interpretación simplista que no captura completamente la profundidad y complejidad de la naturaleza divina.

si confiesas con tu boca que Yahoshúa es el Maestro (Romanos 10: 9)

Es otra mala traducción y con una pésima intención. En griego podemos leer:

ὅτι ἐὰν [a]ὁμολογήσῃς ἐν τῷ στόματί [b]σου κύριον Ἰησοῦν, καὶ πιστεύσῃς ἐν τῇ καρδίᾳ σου ὅτι ὁ θεὸς αὐτὸν ἤγειρεν ἐκ νεκρῶν, σωθήσῃ·

Estoy tomando el texto tal como aparece en la edición SBL Greek New Testament (SBLGNT), a la que usted puede acceder y descargar desde aquí.

En el texto griego, en todos los manuscritos antiguos aparece la expresión κύριον de κύριος. El término se aplica a la Deidad, y el mismo Álvarez lo volcó en varios pasajes de su “traducción” de esa manera. Además, la alteración que impone Álvarez tiene importantes consecuencias teológicas.

Conclusiones

Un análisis incluso superficial de la Versión Israelita Nazarena elaborada por José Álvarez pone de manifiesto de manera incuestionable que esta no puede ser considerada ni como una traducción fiel ni como una edición rigurosa de las Sagradas Escrituras. En realidad, se trata más bien de una paráfrasis arbitraria y con una clara agenda anti-trinitaria. Esta versión se apoya en una amalgama de fuentes eclécticas, generando así una incertidumbre considerable respecto al criterio utilizado para seleccionar tales fuentes.

José Álvarez, el autor de esta versión, revela carecer de competencia en lenguas originales como el griego, el hebreo y el arameo. Esto queda evidenciado no solo por sus traducciones erróneas de pasajes simples, incluso para un estudiante de nivel introductorio de griego, sino también por su tendencia a recurrir a ediciones previamente cuestionadas, como la de los Testigos de Jehová. Estas ediciones son ampliamente rechazadas en círculos académicos por sus alteraciones notables.

En última instancia, es importante destacar que el propósito principal de esta versión parece ser la promoción de las interpretaciones teológicas heterodoxas del señor Álvarez, muchas veces rechazadas por otras organizaciones similares a la que él fundó. Más que una empresa editorial afortunada, esta versión parece estar destinada a respaldar un enfoque doctrinal sui generis. En este sentido, la producción editorial de Álvarez parece estar en línea con su “ministerio” controvertido y poco acertado.


NOTAS

1Estoy trabajando en una breve biografía sobre este personaje, un erudito, historiador y coleccionista único en su época.

2El Textus Receptus fue una edición del Nuevo Testamento en griego que realizó Erasmo de Rotterdam. Para ello consultó los manuscritos más antiguos que tuvo a su alcance unos nueve manuscritos griegos, cuya antigüedad llegaba al siglo X. Es de notar que se trata de un texto ecléctico y que Erasmo introdujo numerosas revisiones y correcciones en las cinco ediciones que publicó durante su vida. La primera salió de la imprenta en 1512 y la última en 1535. Posteriormente Stephanus corrigió la edición de Erasmo en cuatro oportunidades, para lo que se sirvió de la Políglota Complutense y de 15 manuscritos griegos, entre 1549 y 1551. Por su parte, Teodoro Beza realizó nueve ediciones del Textus Receptus entre 1565 y 1604. Cuando usted se encuentre con un protestante fundamentalista que le diga que el Textus Receptus es “inspirado”, pregúntele qué edición de todas. Si le contesta que sólo la de Erasmo, puede usted decirle que la King James Version no esta basada en la de Erasmo, como tampoco la Reina Valera se basa totalmente en él, sino en una amalgaba entre la edición de 1522, la de Stephanus de 1550 y la políglota Complutense. Por otra parte el Texto Crítico es una composición eclética del Nuevo Testamento basada en los documentos más antiguos de los que se tiene conocimiento. Se conoce como Nestle Aland Novum Testamentum Graece.

3Amado, Raúl, “Yaveh-Elohim: la unidad compuesta de la divinidad en el judaísmo pre-cristiano”, III Jornadas de Jóvenes Investigadores del Cercano Oriente Antiguo, 30, 31 de agosto y 1ero de septiembre, 2016.

La coma joánica ¿Sigue siendo un tema a discutir?

Hoy vi en X (el viejo Twitter) un comentario donde se hacía una referencia a “un pasaje borrado” en las biblias modernas. Me sorprendió de sobre manera la afirmación de esta persona, que sin dudas es alguien bien intencionado, pero que, como muchas personas con buenas intenciones, habla desde el desconocimiento. Habría bastado, quizás una somera investigación sobre el “versículo silenciado” o “quitado”. En realidad el autor de esta publicación citó mal el versículo: no es 1 Jn 5: 7-12, sino un fragmento de 1 Jn 5: 7-8, no todo el versículo.

El texto completo en español es el siguiente:

7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

En la Vulgata aparece de la siguiente manera:

7 Quoniam tres sunt, qui testimonium dant in caelo: Pater, Verbum, et Spiritus Sanctus: et hi tres unum sunt. 8 Et tres sunt, qui testimonium dant in terra: spiritus, et aqua, et sanguis: et hi tres unum sunt.

Este fragmento es conocido como la “coma joánica” y su inclusión o no en las biblias no es ninguna “novedad” moderna, antes bien, corresponde a un debate muy viejo que data de la época de Erasmo, no porque el problema no fuera conocido, sino porque por primera vez se puso en evidencia el problema respecto a los manuscritos griegos. En efecto, el fragmento que dice “en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” está ausente de los manuscritos griegos más antiguos, así como en las primeras versiones de la Vulgata de San Jerónimo.1 El fragmento comenzó a aparecer de forma constante en las copias de la Vulgata hacia el 800 y fue adoptado en las versiones griegas recién hacia el siglo XV. Es importante señalar que las versiones antiguas etíopes, arameas, siríacas, eslavas, armenias y árabes del Nuevo Testamento no incluyen el pasaje.

Una de las evidencias más importantes de que el texto es una interpolación posterior está en la cita textual de Clemente de Alejandría de 1 Jn 5:8, que la omite por completo. En el Codex Fuldensis, el manuscrito completo más antiguo de la Vulgata (c. 541) , también se encuentra ausente.2 En varios manuscritos griegos (como el Codex Regis, el Minuscule 177, 636 y el Codex Guelferbytanus) aparece como una nota al margen.

Es interesante señalar que en los Padres Apostólicos y de la Iglesia, hay posibles referencias en las homilías, pero siempre como una conclusión y referencia a al versículo 8. También es interesante que San Agustín, en su tratado Contra Maximinum3 no lo cita, aún cuando hace referencia al versículo 8 en varias oportunidades.4

En la época moderna el debate se reflotó a causa de la elección del tipo de manuscrito que se emplea al momento de realizar la traducción. Cabe hacerse la pregunta, entonces, si la omisión del fragmento “dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” es señal de alteración del texto, de ocultamiento o deformación doctrinal. La respuesta es negativa: la coma joánica no aparece en los manuscritos más antiguos y está demostrado que es una interpolación, posiblemente derivada de una explicación colocada al margen como un comentario o como referencia a las homilías de los Padres.

En todo caso, el tema de la coma joánica es interesante para estudiar e investigar, pero no para pontificar sobre un programa o complot para “adulterar” las Escrituras. Lo más recomendable es estudiar bien el tema, revisar los manuscritos, proveerse de bibliografía y entender que el traductor de la Biblia se ve obligado muchas veces a elegir entre varios manuscritos. En efecto, Juan Straubinger colocó la coma joánica, pero lo hizo entre corchetes y luego aclaró, en la nota lo siguiente:

Lo que va entre corchetes no está en el antiguo texto griego y falta igualmente en muchos mss. latinos, habiendo sido muy discutida su autenticidad con el nombre de comma johanneum”.5

Es interesante además que el eximio filólogo y teólogo señala que, para algunos autores fue Prisciliano quien agregó el fragmento con el cual fundó la herejía unitaria.

Como podemos apreciar, las buenas intenciones y la piedad no son necesariamente malas, pero deben estar basadas en el estudio, y no en la pasión ciega o en un fideísmo sin base alguna.


NOTAS

1Metzger, Bruce M.; Ehrman, Bart D. (2005). The text of the New Testament: its transmission, corruption, and restoration, New York, Oxford University Press. pp. 146–148.

2Philip B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus and 1 Cor 14.34-5”, NTS 41 (1995) 251-262.

3Ver 2.22.3; PL 42.794-95.

4Recomendamos el clásico Porter, John Scott, Principles of Textual Criticism, London, Simms and M’Intyre, 1848.

5Nota a 1 Jn 5: 7, p., 349 del segundo volúmen de la Biblia.