Sobre el fin de una civilización que ya no ora. A propósito de una lectura de Marcel de Corte

No todo final se manifiesta como ruina. Hay civilizaciones que mueren sin estrépito, sin incendios ni invasiones, y sin embargo dejan de vivir mucho antes de caer. Marcel de Corte, en su Ensayo sobre el fin de nuestra civilización (libro que puede descargarse en esta entrada), no anuncia una catástrofe futura: describe una ausencia presente. Lo que se ha extinguido no es la técnica ni la organización social, sino la capacidad de recibir lo real.

El diagnóstico es tan sobrio como implacable. Allí donde la verdad ya no es contemplada sino producida, donde el bien ya no es reconocido sino negociado, y donde el ser ha sido desplazado por la función, la civilización continúa funcionando, pero ha perdido su alma. Estamos frene a una ruptura ontológica.

De Corte insiste en un punto que la modernidad se resiste a aceptar: la verdad no nace de la conciencia. No es fruto de la voluntad, ni del consenso, ni del sentimiento. Es algo que precede, que se impone suavemente, que reclama obediencia interior. Cuando esta estructura se invierte, la fe se degrada en discurso ético, la teología en opinión respetable y la Iglesia en un aparato ideológicoa más. Todo permanece en pie, pero todo ha sido vaciado.

Esta pérdida es una crisis de forma. Ninguna civilización ha subsistido sin formas que la excedan: gestos, ritos, silencios, palabras recibidas. La cultura occidental fue, durante siglos, una cultura arrodillada. Sabía que el hombre no es la medida de todas las cosas, y que sólo puede permanecer humano si se reconoce criatura. Cuando el gesto litúrgico se vuelve accesorio, cuando la adoración es reemplazada por la utilidad, la civilización comienza a disolverse desde dentro.

En este punto, el análisis de de Corte adquiere un espesor espiritual inquietante. La autoridad (sea política, cultural o eclesial) sólo puede sostenerse si remite a un orden que no ha creado. Cuando la autoridad deja de custodiar y comienza a producir sentido, se transforma en gestión. Y toda gestión sin verdad termina administrando el vacío. No es la falta de poder lo que nos amenaza, sino su desvinculación del ser.

Quizás el signo más claro del fin que describe de Corte no sea la violencia ni el caos, sino algo más silencioso: la incapacidad de adoración. Allí donde ya no se ora, donde ya no se contempla, donde ya no se reconoce lo dado, sólo queda la técnica. Y donde sólo queda la técnica, el hombre ya no sabe quién es.

Tal vez no asistimos al colapso de nuestra civilización, sino a algo más sutil y más grave: su imposibilidad de arrodillarse. Y sin embargo, allí donde todavía subsiste un gesto recibido, una forma que no se explica sino que se habita, una verdad que no se discute sino que se guarda, aún respira (aunque sea en silencio) la posibilidad de un mundo reconciliado con lo real.

Cultura teológica y Radical Orthodoxy

El concepto de “cultura teológica”, desde la perspectiva de la escuela llamada “Radical Ortodoxy“, se vuelve central. En efecto, esta escuela de pensamiento busca ir más allá de comprometerse con varias disciplinas, incluidas la filosofía, la política, la literatura y la cultura, desde una perspectiva teológica; por el contrario, la Radical Ortodoxy propone el regreso de la Teología como disciplina rectora.

En esencia, la Teología no debe limitarse a discusiones confinadas dentro de la Iglesia institucional, sino que debe impregnar y dar forma a discursos culturales más amplios. Esta idea desafía la secularización de la cultura moderna y aboga por el “reencantamiento del mundo” a través de un retorno a una comprensión teológica profundamente arraigada.

Es entonces que damos paso a la cultura teológica. Dentro del marco de la Radical Ortodoxy esta implica la integración de ideas, principios y prácticas teológicas en todos los aspectos de la existencia humana. Busca recuperar las dimensiones trascendentes y espirituales de la vida, reconociendo que todas las facetas de la cultura, ya sea arte, política, ciencia o educación, pueden ser enriquecidas y elevadas por la reflexión teológica.

Autores como Graham Ward o Catherine Pickstock señalan rechazan la noción de compartimentar las creencias religiosas en una esfera privada, sino que insiste en la importancia de reconocer la interconexión entre teología y cultura. La teología es vista como el fundamento que da significado y propósito a las actividades humanas y actividades intelectuales. Al infundir a la cultura valores teológicos, la Radical Ortodoxy tiene como objetivo desafiar los supuestos seculares que prevalecen en las sociedades modernas y presentar una visión alternativa para enfrentar los desafíos contemporáneos.

Además, esta corriente critica la marginación de la teología del discurso intelectual y piden una reafirmación del papel de la fe en la formación de valores culturales. La cultura teológica no es una forma de imperialismo intelectual o un retorno a una sociedad teocrática, sino más bien un alegato a favor de una cosmovisión más inclusiva e integrada, que reconozca las importantes contribuciones de las tradiciones religiosas en la formación de la historia y la cultura humanas.

La Versión Israelita Nazarena: un análisis crítico

Toda persona que desee realizar un estudio serio sobre la Biblia tiene que tener, por lo menos en su Biblioteca física dos o tres versiones de la Escritura. Hoy en día contamos, además, con herramientas informáticas que nos permiten atesorar en nuestra computadora cientos de versiones diferentes. Una de esas herramientas es el software E-Sword, que recomiendo descargar.

Una de las versiones que tengo en mi biblioteca, tanto en papel como digital es el Brit Jadashá (Nuevo Pacto), editado en Buenos Aires en 1977 y preparado por el presbítero Luis Guillermo Brasesco. El volumen es interesante y en realidad, se trata de una traducción del texto griego al hebreo moderno. Lo compré como una curiosidad en una mesa de saldos por $38 y hace unos años vi a unos u$d 129 (al tipo de cambio actual). Pero en los últimos años, aparecieron docenas de versiones hebreas del Nuevo Testamento, supuestamente traducidas de manuscritos hebreos por eruditos de los que nunca habíamos oído hablar, ni tampoco habíamos leído.

La primera vez que me tope con el fenómeno fue en el año 2003 y se trataba de una traducción del manuscrito Du Tillet, una versión medieval del Evangelio según San Mateo, realizada por el Dr. James Scott Trimm. El texto se conserva en la Biblioteca Nacional de París bajo la signatura Manuscrito hebreo No. 132.1 Posteriormente, hacia el 2005 una persona me compartió la traducción de José Álvarez, publicada bajo el nombre de “Yosef Aharoni”. Como yo tenía el texto en inglés hice una comparación entre la edición entre aquel idioma y el español y encontré algunas diferencias. No obstante, como no tenía el manuscrito hebreo Du Tillet (ni una transcripción) no podía avanzar demasiado. A partir de aquel momento comencé a investigar más y encontré que esta fiebre por las versiones hebreas del Nuevo Testamento estaban hermanadas con el movimiento de “Judíos mesiánicos”, es decir, congregaciones protestantes y católicas, dónde sus miembros se visten como judíos y simulan ser judíos que creen en Jesús.

Mi intención ahora es realizar un breve análisis sobre una de estas versiones “mesiánicas”, especialmente la que preparó José Álvarez, mencionado líneas arriba.

Sobre el “traductor” y el contexto de producción

José Alvarez posee el título de “moreh”, es decir, maestro. Le fue otorgado, no por un seminario rabínico judío, sino por una institución mesiánica. Por lo que sabemos según su sitio de internet era un Adventista del Séptimo Día. Se graduó de Bachillerato en Teología en el año 1965, en el Colegio de las Antillas y allí estudio griego koiné. El griego es un idioma obligatorio para todo aquel que estudie teología, no obstante, hay una gran diferencia entre “entender griego” y “dominar el griego”. Se espera que un teólogo o un filólogo tengan la pericia suficiente de dominar el idioma. Según lo que pude apreciar del trabajo de José Álvarez él entiende griego, pero no lo domina. Esto se aprecia en la “traducción” de Juan 1, donde reproduce los mismos errores que la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. También nos dice que tiene una maestría en psicología clínica y que posteriormente, se dedicó al estudio autodidacta del hebreo. Aclara que lo hizo con la ayuda de judíos de varias sinagogas, pero no de manera sistemática ni contó con un profesor. En 1972 inició la publicación de La Senda Antigua, que ahora se publica en Internet y desde entonces ha trabajado en el judaísmo mesiánico y el “movimiento de restauración del nombre sagrado”.

Según su propia página “su obra cumbre es una edición de las Escrituras Sagradas de Israel, llamada Versión Israelita Nazarena (VIN)”. Sin embargo, en el sitio se afirma:

No se considera perito en los idiomas bíblicos, por lo tanto su obra se describe como una edición especial basada en las mejores traducciones judías y cristianas, cotejada fielmente con los textos hebreos y griegos. Pero las correcciones y mejoras que se han hecho sobre las versiones tradicionales son innumerables y de gran importancia para los estudiantes de las Escrituras Hebreas.

Esto suena cuando menos contradictorio, porque un persona con honestidad intelectual que decida ponerse a realizar un trabajo serio sobre la Sagrada Escritura, llámese traducción o por lo menos edición, tiene que tener un competente conocimiento sobre hebreo y griego, además de un excelente dominio sobre el idioma al cual piensa volcar la traducción. En efecto, un trabajo de traducción no es algo sencillo, menos aún de la Biblia. Y ningún estudiante de las Sagradas Escrituras puede dejar de mirar con desconfianza una versión cuyo principal autor es… alguien que ha demostrado importantes falencias en un griego tan elemental como el de Juan 1.

¿Qué documentos utilizó José Álvarez pára su traducción?

Cuando tengo ante mi una Biblia de estudio me gusta saber que manuscritos fueron empleados. Aún cuando se trate de manuscritos problemáticos, creo que tengo derecho, como cualesquier estudiantes conocer los documentos empleados por los traductores. No basta decir “se utilizaron los manuscritos hebreos” o “esta versión fue producida siguiendo el texto masorético”, porque uno puede preguntar, con toda sinceridad y sin ofender a nadie: “¿pero qué versión del masorético?” o mejor “¿Cuáles manuscritos hebreos? ¿Con qué manuscritos los cotejó? ¿Cuál fue el criterio de selección?”

Daré un ejemplo de una versión de la Biblia que ha sido muy criticada, especialmente por grupos protestantes: la Nueva Versión Internacional. Esta edición parte, para el Nuevo Testamento, no del Textus Receptus como la Reina Valera, sino del Texto Crítico.2 Además, esta versión tiene entre sus notas referencias al Textus Receptus, la Peshitta y el Texto Bizantino para el Nuevo Testamento (entre otras), y para el Antiguo, señala las discrepancias entre diferentes ediciones del Masorético (en primer lugar la Biblia Hebraica Stuttgartensia), los Rollos de Mar Muerto, el Pentateuco Samaritano, el Aquila, el Symmachus, la Vulgata Latina, la Peshitta, etc. Uno lamenta que no haya referencias adecuadas a la Septuaginta, y eso quizás es una de las principales razones por las cuales (a mi modesto entender) la versión de Nácar-Colunga aventaja a la NVI.

Pero volviendo: en la NVI, al igual que la Reina Valera Gómez o en la Biblia de Jerusalén tenemos referencias a qué fuentes se emplearon para hacer la traducción. En cambio, en la Versión Israelita Mesiánica sólo contamos con algunas referencias imprecisas. Así sabemos que:

Para el Antiguo Testamento se recurrió a los manuscritos hebreos originales. Me gustaría saber dónde se encuentran, porque hasta ahora es conocido que sólo tenemos copias antiguas y ninguna completa e intacta.

Para el Nuevo Testamento se recurrió:

Mateo Hebreo du Tillet de Yosef Aharoni (José Álvarez), que es una traducción problemática del texto de James Scott Trimm.

Se recurrió a los manuscritos hebreos de los textos del Nuevo Testamento. Esto es sorprendente porque esas versiones no son conocidas, y estaría encantado de tener ante mi alguno de esos “manuscritos”.

En otros casos se volcó del griego al hebreo para recuperar el sentido original. Esto no tiene mucho sentido, además de que viola alguna que otra regla filológica.

Bueno, yo me tomé el trabajo con el software E-Sword y empecé a comparar versículos entre varias versiones. Tomé varias ediciones de la Biblia y las cotejé con la edición de Álvarez y mis resultados son los siguientes:

a) El Antiguo Testamento es la Reina Valera Actualizada “corregida” con la Versión del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras de los Testigos de Jehová. Se remplazan todos los nombres por sus equivalentes hebreos y el hombre de Dios por el tetragrama. Se eliminaron todas las referencias a la unidad compuesta de la Divinidad.

b) Para el Nuevo Testamento:

El Mateo Du Tillet en su traducción particular de Álvarez… mantengo la misma observación.

Los evangelios de Marcos, Juan, las cartas 1 y 2 a Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, son la Reina Valera Actualizada, edición 1989, corregida con fragmentos de la Versión del Nuevo Mundo, de los Testigos de Jehová.

Lucas, Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 de Juan, Judas, y Apocalipsis son la Versión Moderna de Enrique Pratt, con un lenguaje modernizado, ya que la versión es de 1893.

Filemón es una amalgama entre la Traducción del Nuevo Mundo con la la Reina Valera Antigua.

Características de la VIN

Salvando el hecho de que, como versión es pésima, hay algunas cosas que merecen ser puntualizadas luego de un análisis del texto que presenta Jose Álvarez:

El texto se caracteriza por volcar a la versión hebrea todos los nombres propios. Mi pregunta es ¿Esto ayuda al estudio o en todo caso lo entorpece? No hay una tabla de conversión ni notas de traducción, ni tampoco referencias a qué forma del nombre se eligió y cual no. Por ejemplo, para Josué y Jesús se emplea la misma, cuando en realidad, en las versiones rabínicas y siríacas Jesús es nombrado Yashua y no Yahoshúa. Tampoco explica el autor porqué no respetó la forma hebrea de Arquelao, o por lo menos una transliteración hebrea de ארקילאוס. Estimo que, como hizo en el pasado, el autor “corregirá” este error.

La versión es fuertemente anti-trinitaria, pero no explica porqué prefiere tal o cual traducción. Esto se arreglaría con notas… que no incorpora.

En Isaías 9:6, profecía mesiánica vuelca El-Gibor como “Héroe” cuando en realidad dice “Dios Fuerte”. Curiosamente en el mismo libro, 10: 21 traduce “Elohim Fuerte”.

Niega deliberadamente la divinidad de Jesús:

Toda lengua confiese que Yahoshúa el Mashíaj es soberano, para gloria de Yahweh el Padre. (Filipenses 2:11 VIN)

Esto no aparece en ninguno de los manuscritos más antiguos, al contrario, leemos:

καὶ πᾶσα γλῶσσα ἐξομολογήσηται ὅτι κύριος Ἰησοῦς Χριστὸς εἰς δόξαν θεοῦ πατρός.

En un estudio que llevé a cabo, pude demostrar que los textos del Antiguo Testamento revelan que la Deidad no se presenta como una única persona indivisible, sino más bien como una unidad compuesta.3 Esta concepción también se refleja en la teología neotestamentaria de manera coherente. A pesar de esto, es importante señalar que afirmar que Yavé o Jehová es exclusivamente el Dios Padre sería, cuando menos, un error.

Los textos del Antiguo Testamento nos ofrecen una visión de la Deidad que va más allá de la simplicidad de una sola entidad divina. Encontramos indicios de una estructura compleja que sugiere una relación intrínseca entre las distintas facetas de la Deidad. Este concepto de unidad compuesta se refleja de manera similar en la teología neotestamentaria, lo que subraya la continuidad de esta comprensión a lo largo de la historia bíblica.

Es importante tener en cuenta que la idea de que Yavé o Jehová es exclusivamente equiparable al Dios Padre puede llevar a una interpretación limitada. La naturaleza multifacética de la Deidad en los textos bíblicos sugiere que esta comprensión podría ser más profunda y matizada de lo que algunas afirmaciones simplistas podrían sugerir. Reconocer las distintas dimensiones de la Deidad puede enriquecer nuestra apreciación de su naturaleza compleja y misteriosa.

En resumen, mi estudio reveló que tanto en los textos del Antiguo Testamento como en la teología neotestamentaria, se puede encontrar una noción de la Deidad como una unidad compuesta en lugar de una única persona. Por lo tanto, afirmar que Yavé o Jehová es exclusivamente el Dios Padre sería una interpretación simplista que no captura completamente la profundidad y complejidad de la naturaleza divina.

si confiesas con tu boca que Yahoshúa es el Maestro (Romanos 10: 9)

Es otra mala traducción y con una pésima intención. En griego podemos leer:

ὅτι ἐὰν [a]ὁμολογήσῃς ἐν τῷ στόματί [b]σου κύριον Ἰησοῦν, καὶ πιστεύσῃς ἐν τῇ καρδίᾳ σου ὅτι ὁ θεὸς αὐτὸν ἤγειρεν ἐκ νεκρῶν, σωθήσῃ·

Estoy tomando el texto tal como aparece en la edición SBL Greek New Testament (SBLGNT), a la que usted puede acceder y descargar desde aquí.

En el texto griego, en todos los manuscritos antiguos aparece la expresión κύριον de κύριος. El término se aplica a la Deidad, y el mismo Álvarez lo volcó en varios pasajes de su “traducción” de esa manera. Además, la alteración que impone Álvarez tiene importantes consecuencias teológicas.

Conclusiones

Un análisis incluso superficial de la Versión Israelita Nazarena elaborada por José Álvarez pone de manifiesto de manera incuestionable que esta no puede ser considerada ni como una traducción fiel ni como una edición rigurosa de las Sagradas Escrituras. En realidad, se trata más bien de una paráfrasis arbitraria y con una clara agenda anti-trinitaria. Esta versión se apoya en una amalgama de fuentes eclécticas, generando así una incertidumbre considerable respecto al criterio utilizado para seleccionar tales fuentes.

José Álvarez, el autor de esta versión, revela carecer de competencia en lenguas originales como el griego, el hebreo y el arameo. Esto queda evidenciado no solo por sus traducciones erróneas de pasajes simples, incluso para un estudiante de nivel introductorio de griego, sino también por su tendencia a recurrir a ediciones previamente cuestionadas, como la de los Testigos de Jehová. Estas ediciones son ampliamente rechazadas en círculos académicos por sus alteraciones notables.

En última instancia, es importante destacar que el propósito principal de esta versión parece ser la promoción de las interpretaciones teológicas heterodoxas del señor Álvarez, muchas veces rechazadas por otras organizaciones similares a la que él fundó. Más que una empresa editorial afortunada, esta versión parece estar destinada a respaldar un enfoque doctrinal sui generis. En este sentido, la producción editorial de Álvarez parece estar en línea con su “ministerio” controvertido y poco acertado.


NOTAS

1Estoy trabajando en una breve biografía sobre este personaje, un erudito, historiador y coleccionista único en su época.

2El Textus Receptus fue una edición del Nuevo Testamento en griego que realizó Erasmo de Rotterdam. Para ello consultó los manuscritos más antiguos que tuvo a su alcance unos nueve manuscritos griegos, cuya antigüedad llegaba al siglo X. Es de notar que se trata de un texto ecléctico y que Erasmo introdujo numerosas revisiones y correcciones en las cinco ediciones que publicó durante su vida. La primera salió de la imprenta en 1512 y la última en 1535. Posteriormente Stephanus corrigió la edición de Erasmo en cuatro oportunidades, para lo que se sirvió de la Políglota Complutense y de 15 manuscritos griegos, entre 1549 y 1551. Por su parte, Teodoro Beza realizó nueve ediciones del Textus Receptus entre 1565 y 1604. Cuando usted se encuentre con un protestante fundamentalista que le diga que el Textus Receptus es “inspirado”, pregúntele qué edición de todas. Si le contesta que sólo la de Erasmo, puede usted decirle que la King James Version no esta basada en la de Erasmo, como tampoco la Reina Valera se basa totalmente en él, sino en una amalgaba entre la edición de 1522, la de Stephanus de 1550 y la políglota Complutense. Por otra parte el Texto Crítico es una composición eclética del Nuevo Testamento basada en los documentos más antiguos de los que se tiene conocimiento. Se conoce como Nestle Aland Novum Testamentum Graece.

3Amado, Raúl, “Yaveh-Elohim: la unidad compuesta de la divinidad en el judaísmo pre-cristiano”, III Jornadas de Jóvenes Investigadores del Cercano Oriente Antiguo, 30, 31 de agosto y 1ero de septiembre, 2016.

La coma joánica ¿Sigue siendo un tema a discutir?

Hoy vi en X (el viejo Twitter) un comentario donde se hacía una referencia a “un pasaje borrado” en las biblias modernas. Me sorprendió de sobre manera la afirmación de esta persona, que sin dudas es alguien bien intencionado, pero que, como muchas personas con buenas intenciones, habla desde el desconocimiento. Habría bastado, quizás una somera investigación sobre el “versículo silenciado” o “quitado”. En realidad el autor de esta publicación citó mal el versículo: no es 1 Jn 5: 7-12, sino un fragmento de 1 Jn 5: 7-8, no todo el versículo.

El texto completo en español es el siguiente:

7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

En la Vulgata aparece de la siguiente manera:

7 Quoniam tres sunt, qui testimonium dant in caelo: Pater, Verbum, et Spiritus Sanctus: et hi tres unum sunt. 8 Et tres sunt, qui testimonium dant in terra: spiritus, et aqua, et sanguis: et hi tres unum sunt.

Este fragmento es conocido como la “coma joánica” y su inclusión o no en las biblias no es ninguna “novedad” moderna, antes bien, corresponde a un debate muy viejo que data de la época de Erasmo, no porque el problema no fuera conocido, sino porque por primera vez se puso en evidencia el problema respecto a los manuscritos griegos. En efecto, el fragmento que dice “en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” está ausente de los manuscritos griegos más antiguos, así como en las primeras versiones de la Vulgata de San Jerónimo.1 El fragmento comenzó a aparecer de forma constante en las copias de la Vulgata hacia el 800 y fue adoptado en las versiones griegas recién hacia el siglo XV. Es importante señalar que las versiones antiguas etíopes, arameas, siríacas, eslavas, armenias y árabes del Nuevo Testamento no incluyen el pasaje.

Una de las evidencias más importantes de que el texto es una interpolación posterior está en la cita textual de Clemente de Alejandría de 1 Jn 5:8, que la omite por completo. En el Codex Fuldensis, el manuscrito completo más antiguo de la Vulgata (c. 541) , también se encuentra ausente.2 En varios manuscritos griegos (como el Codex Regis, el Minuscule 177, 636 y el Codex Guelferbytanus) aparece como una nota al margen.

Es interesante señalar que en los Padres Apostólicos y de la Iglesia, hay posibles referencias en las homilías, pero siempre como una conclusión y referencia a al versículo 8. También es interesante que San Agustín, en su tratado Contra Maximinum3 no lo cita, aún cuando hace referencia al versículo 8 en varias oportunidades.4

En la época moderna el debate se reflotó a causa de la elección del tipo de manuscrito que se emplea al momento de realizar la traducción. Cabe hacerse la pregunta, entonces, si la omisión del fragmento “dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” es señal de alteración del texto, de ocultamiento o deformación doctrinal. La respuesta es negativa: la coma joánica no aparece en los manuscritos más antiguos y está demostrado que es una interpolación, posiblemente derivada de una explicación colocada al margen como un comentario o como referencia a las homilías de los Padres.

En todo caso, el tema de la coma joánica es interesante para estudiar e investigar, pero no para pontificar sobre un programa o complot para “adulterar” las Escrituras. Lo más recomendable es estudiar bien el tema, revisar los manuscritos, proveerse de bibliografía y entender que el traductor de la Biblia se ve obligado muchas veces a elegir entre varios manuscritos. En efecto, Juan Straubinger colocó la coma joánica, pero lo hizo entre corchetes y luego aclaró, en la nota lo siguiente:

Lo que va entre corchetes no está en el antiguo texto griego y falta igualmente en muchos mss. latinos, habiendo sido muy discutida su autenticidad con el nombre de comma johanneum”.5

Es interesante además que el eximio filólogo y teólogo señala que, para algunos autores fue Prisciliano quien agregó el fragmento con el cual fundó la herejía unitaria.

Como podemos apreciar, las buenas intenciones y la piedad no son necesariamente malas, pero deben estar basadas en el estudio, y no en la pasión ciega o en un fideísmo sin base alguna.


NOTAS

1Metzger, Bruce M.; Ehrman, Bart D. (2005). The text of the New Testament: its transmission, corruption, and restoration, New York, Oxford University Press. pp. 146–148.

2Philip B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus and 1 Cor 14.34-5”, NTS 41 (1995) 251-262.

3Ver 2.22.3; PL 42.794-95.

4Recomendamos el clásico Porter, John Scott, Principles of Textual Criticism, London, Simms and M’Intyre, 1848.

5Nota a 1 Jn 5: 7, p., 349 del segundo volúmen de la Biblia.

Julio Meinvielle: Un estudio sobre su obra

Deseo compartir con todos ustedes este trabajo sobre la obra del presbítero argentino Julio Meinvielle. El mismo fue preparado originalmente como un trabajo para un seminario de postgrado que realicé en la Universiadd de San Andrés durante mi maestría en Investigación Histórica. Posteriormente, realicé algunas correcciones y el trabajo salió a la luz gracias a la Fundación Tridentina por los Valores Clásicos.

Para acceder al artículo completo, puede acceder mediante el enlace a mi perfil en Academia.edu, o bien descargar el PDF que está al final de este post.

Resumen

El presente trabajo aborda el pensamiento teológico-político del presbítero Julio Meinvielle durante el periodo de entre guerras. A diferencia de Leonardo Castellani, con quien se lo ha comparado, no existen estudios sistemáticos sobre la obra y el pensamiento de Meinvielle fuera de ciertos análisis, muchas veces de carácter hagiográfico presentados en jornadas o revistas especiales realizadas en su honor. Fuera de la apologética de sus discípulos, la bibliografía suele signarlo como un sacerdote fascista y profundamente antisemita, el ideólogo del “Movimiento Nacionalista Tacuara” y fundador de “Guardia Restauradora Nacionalista”. No obstante, esa lectura hace abstracción de varios aspectos interesantes de Meinvielle y que se ven reflejados en sus obras: la relación teología-política, el rechazo al nazismo y al fascismo de manera explícita y las razones de su controversia con Maritain.
Es por ello que consideramos pertinente un estudio de la figura del padre Julio Meinvielle, para lo cual analizaremos algunos aspectos de su formación intelectual, su labor parroquial en Nuestra Señora de la Salud, su oposición a Maritain y su propio pensamiento político, refractario tanto al liberalismo como al fascismo con el que se lo intenta vincular, posiblemente por afán de simplificación. Para ello analizaremos de manera breve una serie de textos: Concepción católica de la política (1932), ¿Qué saldrá de la España que sangra? (1937), Hacia la cristiandad (1940), y De lamennais a Maritain (1945).
En primer lugar estudiaremos algunos aspectos de su biografía, centrándonos en su formación y su labor parroquial; luego el contexto de entre-guerras y los debates que se generaron en Argentina con el ascenso de los fascismos y muy especialmente el problema de la Guerra Civil Española, donde ya existe una disputa con Maritain, ante cuyo modelo propone el de una cristiandad integrista y anti-liberal en estrecha relación con las encíclicas políticas pontificias y en respuesta a Humanisme intégral, que culminará en la acusación pública contra el filósofo francés en De Lamennais a Maritain. Desde nuestra perspectiva, Meinvielle en lugar de representar el fascismo (en cualesquiera de sus formas) adhería a una forma de pensamiento católico integrista, más relacionado con Feliz Sardá y Salvany, una restauración del orden tradicional que ponía sus ojos en la reconstrucción de una cristianitas a la luz del Syllabus de Pío IX.

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