Reseñas y lecturas

Libro "Fuera de la Iglesia no hay salvación"

El tratado que el lector tiene ahora entre sus manos, titulado Fuera de la Iglesia no hay salvación, de Jorge Maximov y publicado por Editorial Simeón, se inscribe dentro de una tradición antigua y siempre polémica: la afirmación, de raigambre patrística y neotestamentaria, de que la salvación humana se encuentra únicamente en Cristo y en la comunión de su Iglesia.

Este principio, formulado con particular vigor por San Cipriano de Cartago en el siglo III, atraviesa como un hilo de hierro toda la historia de la teología cristiana, y en la recepción ortodoxa adquiere un carácter central y definitorio. El libro no busca innovar en esa doctrina, sino presentarla, defenderla y exponer sus fundamentos bíblicos, patrísticos y dogmáticos frente a los malentendidos, atenuaciones o rechazos que han proliferado en la modernidad cristiana.

El volumen comienza con una declaración solemne, tomada de la predicación de San Macario (Glujarev), y enlaza inmediatamente con los testimonios de la Escritura: el mandato bautismal de Marcos, la palabra de Cristo a Nicodemo sobre el nacimiento “del agua y del Espíritu”, la confesión petrina de Hechos, y el insistente anuncio paulino sobre la exclusividad del Nombre de Jesús. El tono es misionero y combativo: no se trata de una elucubración teórica, sino de una advertencia vital, “de vida o muerte”.

El autor denuncia como “error letal” la idea contemporánea, incluso entre fieles ortodoxos (entendiéndolo como miembros de la Iglesia Ortodoxa), de que la bondad relativa o la “rectitud natural” bastarían para obtener salvación al margen de la Iglesia. Frente a esta visión benévola pero —según el texto— engañosa, se alinean voces de gran autoridad espiritual, como San Ignacio Brianchaninov o San Silvano del Athos, quienes insisten en que renunciar a la necesidad de Cristo es, en última instancia, renunciar al propio Cristo.

Uno de los aportes más interesantes del libro radica en su tratamiento de la cuestión misional y del destino de quienes jamás han oído hablar del Evangelio. Con riqueza de citas patrísticas, el autor se enfrenta a la aparente paradoja entre la voluntad salvífica universal de Dios y la insistencia en la exclusividad eclesial. La solución que ofrece (fiel al talante ortodoxo) es la confianza en la providencia divina: ningún corazón sincero que busque la verdad quedará sin respuesta; el Espíritu mismo prepara las almas y dispone encuentros providenciales para que la Iglesia llegue hasta ellas.

Se recurre a ejemplos hagiográficos: conversos venidos del paganismo, del islam o de la heterodoxia que, por caminos insospechados, encontraron la fe ortodoxa y fueron canonizados como santos. De esta manera, el texto equilibra un tono severo con una visión esperanzada, subrayando que la misericordia de Dios no contradice su verdad, sino que actúa precisamente conduciendo a los hombres hacia ella.

Más allá de su contexto inmediato, el libro es también una respuesta a las teologías pluralistas y al relativismo religioso de la época moderna. Contra la idea de un Dios “cruel” que excluiría a las multitudes no bautizadas, el autor replica que lo verdaderamente cruel sería reducir el cristianismo a simple ética o a mera disposición moral. La salvación, recuerda insistentemente, no es un “alojamiento confortable” después de la muerte, sino la unión viva con Cristo aquí y ahora.

El lector encontrará, en suma, una obra de doctrina precisa y de espíritu misionero, redactada con la convicción de quien cree que el anuncio de Cristo es un mandato ineludible. Puede discutirse su tono, su radicalidad o incluso su interpretación de la tradición; pero no cabe duda de que nos hallamos ante un testimonio vigoroso de la fe ortodoxa en su forma más clásica.

En tiempos marcados por el sincretismo y el escepticismo, Fuera de la Iglesia no hay salvación invita a una reflexión que trasciende la controversia: ¿qué significa, en definitiva, estar “en la Iglesia”? ¿Qué relación hay entre verdad, libertad y destino eterno? La obra ofrece un desafío teológico y espiritual, cuya recepción obliga al lector a situarse frente al misterio mismo de la salvación.


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