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Raúl Amado

Historiador · Teólogo · Director del Museo Parlamentario

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La nostalgia y la esperanza cristiana

Posted on 1 noviembre, 202511 noviembre, 2025 by Raúl Amado

“Las cosas no son como solían ser”.

“¿Por qué el mundo se está volviendo tan malo? El crimen está en aumento”.

“Me alegro de no tener que criar a mis hijos en estos días“. 

Pero así es como creo que Qohéleth respondería a las personas que dicen cosas como esta: si crees que estás viviendo en un mundo donde las cosas empeoran todo el tiempo, entonces anímate, al menos estarás muerto antes Las cosas se ponen realmente mal. Después de a muerte de mi padre empecé a pensar de esta manera, no lo voy a negar.

Quizás el pasado fue mejor que el presente (frase inmortalizada por Jorge Manrique). Pero cuando uno no se empieza a preguntar, “¿Por qué fue mejor el pasado?” Estás negando la realidad de la presencia de Dios en el presente. Si crees que las cosas están peor, ¿crees que Dios ya no tiene el control? Entonces ¿Quién lo tenía antes? ¿Crees que Dios no te ha llevado al punto donde estás ahora y que ya no te ama o tiene planes o propósitos para ti? Vayamos a Esclesiastés 7: 10, donde leemos:

Nunca digas: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores? porque nunca preguntarás esto sabiamente.

¿Alguna duda? Veamos el texto en su lengua original y según la traducción griega:

אל־תאמר מה היה שׁהימים הראשׁנים היו טובים מאלה כי לא מחכמה שׁאלת על־זה׃

μὴ εἴπῃς Τί ἐγένετο ὅτι αἱ ἡμέραι αἱ πρότεραι ἦσαν ἀγαθαὶ ὑπὲρ ταύτας; ὅτι οὐκ ἐν σοφίᾳ ἐπηρώτησας περὶ τούτου.

Creo que no queda duda. A menudo cuando decimos esto somos ciegos ante las cosas buenas del presente. Olvidamos lo que está escrito:

Ahora bien: sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que según sus designios son llamados. Porque a los que de antemano conoció, a ésos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos los justificó; y a los que justificó, a ésos también los glorificó. (Rom 8: 28-30)

No lo olvidemos: la Biblia es infalible. Quienes disminuyen la inspiración en alguno de los pasajes es porque no creen en la Biblia, son modernistas. Hay varias “palabras claves” en este pasaje, palabras muy interesantes para analizar en un escrito fututo, pero no nos desviemos.

La Nostalgia nos engaña
La nostalgia es a menudo una forma de escapismo, es como si tomáramos vacaciones refugiándonos en el pasado en lugar de lidiar con el presente o mirar con fe hacia el futuro.

La nostalgia nos afecta a todos, no solo a las personas mayores que miran con nostalgia a su juventud. Quizás nos ponemos nostálgicos por los edificios o lugares; nos traen nostalgias las fotos en las que vemos personas que amamos sonriendo, sentimos ese dolor que tiene un nombre tan difícil de pronunciar cuando vemos esa silla vacía…

¿Alguna vez te has detenido a pensar en la sensación de nostalgia y en qué es realmente?

CS Lewis dijo que la nostalgia es la emoción especial del anhelo, y siempre es agridulce. Cuando sentimos nostalgia, experimentamos un sentimiento de algo perdido. Al mismo tiempo, es una hermosa percepción de lo que se ha perdido, por lo que lo anhelamos. La nostalgia a menudo es fugaz, y sin embargo, si hay algún dolor, también hay una especie de anhelo satisfactorio como parte de ello. Ahora, esto es lo que dice Lewis: solo los niños o los inmaduros emocionalmente piensan que lo que anhelan es en realidad lo que anhelan.

El niño piensa que su recuerdo de esa hermosa ladera le da una sensación encantadora, por lo que si pudiera regresar a esa ladera, tendría la sensación encantadora de nuevo y mientras permaneciera allí. No, dice Lewis, eso es simplemente imprudente. Cuando maduras, te das cuenta de que la nostalgia te engaña. Intensifica tus emociones. Cuando creces, te das cuenta de que si pudieras volver a la ladera, podría ser agradable, podría ser encantador, pero también sería normal en algunos aspectos, y simplemente volver a él no reproduciría esa intensidad de sentimiento. ¿No tendrá el tradicionalismo bastante de nostalgia? O peor aún, como dice un cantante popular, de la peor de todas “añorar lo que nunca jamás ocurrió”? ¿Cuantas prácticas tradicionalistas y ritualistas jamás existieron, y provienen en realidad de una forma particular de catolicismo francés, exportado por Monseñor Lefebvre y sus discípulos? Creo que vale la pena pensarlo.

Hace unos años leí el hermoso texto de Lewis The Weight of Glory, and Other Addresses, el cual pueden descargar aquí.

The books or the music in which we thought the beauty was located will betray us if we trust to them; for it was not in them, it only came through them, and what came through them was longing. These things—the beauty, the memory of our own past—are good images of what we really desire; but if they are mistaken for the thing itself, they turn into dumb idols, breaking the hearts of their worshipers. For they are not the thing itself; they are only the scent of a flower we have not found, the echo of a tune we have not heard, news from a far country we have not yet visited.

Cuando experimentas nostalgia, tu corazón anhela una persona más bella de lo que jamás hayas conocido o un lugar más hermoso de lo que jamás hayas conocido. Crees que anhelas el pasado, pero el pasado nunca fue tan bueno como tu mente te dice que fue. Y, dice Lewis, Dios te está dando en ese momento una de las visiones más profundas de la intensidad de la perfección y la belleza que aún no has visto. De hecho, lo que está tirando de las cuerdas de su corazón es el futuro: es el cielo, es su sentido de pertenencia y hogar que acaba de romper la superficie de su vida, por un momento, y luego se ha ido.

La eternidad en nuestros corazones
Esta perspectiva encaja perfectamente con el mensaje de Eclesiastés.  Ahí vemos que Dios ha puesto la aeternitas en nuestros corazones.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. (Ecl 3: 11)

Estamos construidos para el hogar, para un lugar que aún no podemos ver; aquel de que habló Jesucristo. De todas las traducciones, me gusta mucho como traduce las palabras la Edición Textual:

No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si no, os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.  Y cuando me vaya y os prepare lugar, vengo otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis. (Jn 14: 1-3)

Las personas sabias entienden que Dios nos hizo anhelarlo a él y al cielo. Lo dice San Agustín “Inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te” (Conf 1, 1). No miran hacia atrás cuando se vuelven nostálgicos. No son como la esposa de Lot, que salió de Sodoma, Sodoma no salió de ella. Hay que guardar los mandamientos de Dios y tener la fe de Jesús. No pocos confunden la pureza del rito con la pureza del corazón. Pero la verdadera Tradición no se conserva en el formalismo, sino en la obediencia amorosa que mira hacia la Ciudad Celestial.
Nosotros, miremos al cielo. Miremos al hogar, a la verdadera Patria (Filp 3: 20)

Lewis The-Weight-Of-Glory-And-Other-AddressesDescarga

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