El origen de la obra de arte: Heidegger y la revelación participada del ser

Durante la última Noche de los Museos, mientras explicaba ante el público un cuadro, una visitante (atenta, quizá algo impaciente) me interrumpió con una pregunta tan antigua como inagotable:

“¿Y qué es el arte?”

El tono fue desafiante, pero la pregunta era legítima. No respondí con una definición técnica ni con un lugar común. Recordé entonces a Martin Heidegger, y dije:

“El arte es el lugar donde acontece la verdad del ser.”

Aquel instante quedó resonando mucho después. No porque mi respuesta fuese suficiente, sino porque revelaba que en cada mirada, en cada obra y en cada intento de nombrar lo bello, sigue latiendo esa búsqueda por el origen. De allí nace este texto: un intento de recuperar, desde la teología radical y la filosofía del misterio, el sentido profundo de El origen de la obra de arte de Heidegger.

Martin Heidegger pronunció su conferencia Der Ursprung des Kunstwerkes en 1935. En ella, el filósofo alemán se pregunta por el origen del arte, y al hacerlo desplaza toda la discusión estética hacia una ontología de la verdad. El arte, dice, no es un objeto ni un producto de la subjetividad: es un acontecimiento donde la verdad del ser se pone en obra.

Pero leído desde la sensibilidad de la Radical Orthodoxy (esa corriente que devuelve la metafísica a su raíz teológica), el pensamiento heideggeriano puede verse como un umbral: un eco secular de la tradición cristiana que entiende el arte como participación en el Ser divino. La obra no “muestra” lo real: lo deja ser, y en ese dejar ser, lo consagra.

Del ser como desocultamiento al ser como don

En Heidegger, la verdad es aletheia: desocultamiento. En la Radical Orthodoxy, esa aletheia se traduce como gratia: el ser no solo se revela, sino que se entrega. Todo lo que es participa del ser como un don.

Desde esta perspectiva, el arte no es producción, sino participación. La obra de arte se convierte en un lugar de gracia: una materia que se deja habitar por el resplandor. Lo que el artista hace no es crear desde la nada, sino abrir el espacio para que la presencia acontezca.

El gesto creador tiene, en este sentido, una dimensión eucarística: ofrecer la materia y recibir la forma. Allí donde Heidegger ve un acontecimiento ontológico, la Radical Orthodoxy reconoce una liturgia cósmica.

Heidegger habló del enfrentamiento entre mundo y tierra. El mundo es la apertura del sentido; la tierra, el fondo que resiste, el misterio que no se agota. En la obra auténtica, ambos entran en tensión y se necesitan.

Nosotros podemos leer esa relación como la de símbolo y sacramento. El símbolo abre, el sacramento sostiene. El primero interpreta, el segundo consagra. En la obra de arte, ambos coinciden: lo visible remite a lo invisible, pero sin destruir su materialidad.

Así, el arte es una liturgia del ser: no habla del misterio, sino que lo encarna. El templo griego del que hablaba Heidegger no representa a los dioses: los hace presentes. De igual modo, una pintura o una escultura auténtica nos coloca ante lo sagrado, no como espectadores sino como partícipes.

La modernidad secularizó el arte, lo separó del culto y lo convirtió en espectáculo o mercancía. Pero el arte, en su raíz, no busca el aplauso ni la belleza como placer: busca la revelación.

En esa línea, podemos afirmar que toda forma auténtica de arte es una teofanía velada. La materia se vuelve transparente a la gloria; lo bello se torna verdadero porque participa de Dios. La idolatría estética (la fascinación por la forma vacía) es substituida por una estética participativa: el arte como comunión con el misterio.

El artista no es un genio aislado, sino un sacerdote de la forma. Su tarea es custodiar el resplandor. La obra de arte no “representa” el ser: lo devuelve a su fuente. Allí donde la filosofía ve desocultamiento, la teología reconoce gloria: el resplandor de lo invisible en lo visible. Cada obra verdadera (una piedra, un poema, un color, un silencio) nos recuerda que el mundo no es autosuficiente, sino liturgia de la creación.

Volviendo a aquella pregunta de la visitante (“¿qué es el arte?”), comprendo que la respuesta no pertenece solo a la razón, sino al asombro. El arte es ese instante en que lo que es se deja ver, y al hacerlo, nos transforma.

En toda obra verdadera, algo eterno se encarna en la forma y se retira sin desaparecer. Y en ese movimiento, ese resplandor que nunca se apaga del todo, reconocemos lo que los teólogos medievales llamaban gloria y Heidegger, con palabras más sobrias, aletheia: la verdad que acontece.

El reino de los cielos ¿Dentro de vosotros o entre vosotros?

El pasaje de Lucas 17: 20-21 es uno de los más complejos al momento de traducir del griego a cualquier lengua moderna. Esto se debe a la dificultad de volcar la expresión εντος υμων εστιν.

Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios εντος υμων εστιν.

Las mayorías de las traducciones vuelcan el texto señalado como “Entre vosotros” o “en medio de vosotros”, e incluso “ya está entre ustedes” como la Traducción en Lenguaje Actual1 y la Biblia de Jerusalén. No obstante, es bien conocida una traducción alternativa, que se remonta a la Vulgata por la cual, la respuesta de Jesús no es que el “reino de Dios está entre vosotros”, sino “dentro de vosotros”: Ecce enim regnum Dei intra vos est.

El término εντος puede traducirse “entre”, pero su principal acepción (y también la más literal) es “dentro”, “adentro”, “en el interior”. En efecto, ese es el sentido que se aplica a pasajes como Mt 23: 6:

¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro (ἐντὸς) del vaso y del plato, para que también lo de fuera (ἐκτὸς) sea limpio.

El término ἐκτὸς/ektos (fuera) es el antónimo de ἐντὸς/entos (dentro). Varias traducciones académicas y modernas reconocen como posible traducir ἐντὸς/entos por “entre” o “dentro”, y hay comentarios interesantes en sus notas, basándose en que la respuesta está dirigida a los fariseos, a quienes Jesús está reprendiendo. Así lo explica, por ejemplo Juan Straubinger:

Jesús se presentó en la humildad para probar la fe de Israel; pero las profecías, como también los milagros, mostraban que era el Mesías (Cf. 16, 16 y nota). Como observa el P. de la Brière y muchos otros, en el sentido no puede ser que el reino está dentro de sus almas, pues Jesús está hablando con los fariseos”.2

Lo mismo leemos en la nota al versículo 21 en la Biblia de Jerusalén:

Como una realidad ya operante. También se traduce «dentro de vosotros», lo que no parece estar directamente indicado en el contexto3

No obstante en su traducción del Nuevo Testamento, David Bentley Hart respeta la traducción de ἐντὸς/entos como “dentro”:4

[I]t is occasionally argued that this phrase [entos hymōn] would be better translated “among you” or “in your midst,” especially by those who instinctively prefer social to mystical construals of Jesus’s teaching; but this is surely wrong. Entos really does properly mean “within” or “inside of,” not “among,” and Luke, in both his Gospel and the book of Acts, when meaning to say “among” or “amid,” always uses either the phrase…[en meso] or just [en], followed by a dative plural; and his phrase for “in your midst” is [en meso hymōn] as in [Luke] 22:27…He uses entos only here, with a distinct and special import.

Pero el contexto no es de Jesús sólo frente a los fariseos, sino de la pequeña comunidad de Jesús y sus discípulos frente a los fariseos. En efecto, en el versículo 22 se inicia un discurso que abarca hasta el versículo 37 dirigido a sus discípulos. Por consiguiente, la traducción “dentro” está sostenida por la utilización del mismo vocablo ἐντὸς/entos en Mt 23: 6 como por los versículos siguiente, cuando continúa hablando a los discípulos. Sin embargo, hay una tercer posibilidad, y es que se trate de una interiorización del reino: la confirmación del reino espiritual y al mismo tiempo el rechazo al establecimiento de un orden político temporal en el que creían los judíos del primer siglo, tanto los fariseos como los mismos discípulos de Jesús.


Notas

1Traducción al Lenguaje Actual es una versión de la Biblia que se caracteriza por buscar que el texto bíblico sea más accesible a los lectores contemporáneos; su primera edición es de 1986 por la Sociedad Bíblica de América Latina.

2Straubinger, Juan, La Santa Biblia…, vol II, Club de Lectores, Buenos Aires, 1991, p., 104.

3Biblia de Jerusalén, Desclee de Brouwer, Bilbao, 1975, p., 1484.

4Bentley Hart, David, The New Testament. A Translation, Yale University Press, New Haven, 2017.

Carl G. Jung: El hombre y sus símbolos

El 8 de febrero del 2023 estábamos con Lily en Santa Clara del Mar, para quienes no conocen es una ciudad balnearia a sólo dieciocho kilómetros de Mar del Plata, dentro del municipio de Mar Chiquita. En la Avenida Acapulco hay dos librerías en las que es posible hacerse de tesoros a muy bajo precio. Ese día, por la noche, entramos a “Alfonsina libros” y compré El hombre y sus símbolos de Carl Gustav Jung. Se trata de la edición de la Biblioteca Universal Contemporánea de 1984… es obvio que estamos ante una reimpresión.

El libro es en realidad una compilación que cuenta con una introducción de John Freeman en la que se relata el origen del mismo y como se delineó el trabajo y cuál era el objetivo original del mismo. Está dividido en cuatro secciones, cada una a cargo de un autor diferente: la primera corresponde a Jung y se titula “Acercamiento al inconsciente”, la segunda “Los mitos antiguos y el hombre moderno” por Joseph Henderson; la tercera parte fue escrita por Marie-Louise von Franz, “El proceso de individuación”; el cuarto capítulo de Aniela Jaffé se llama “El simbolismo en las artes visuales” y el quinto, “Símbolos en un análisis individual”, por Jolande Jacobi. La conclusión es de Marie-Louise von Franz (“La ciencia y el inconsciente”).

Esta obra, publicada por primera vez en 1964, es el último trabajo de Jung, ya que murió poco después de terminar su escrito y revisar las otras colaboraciones en 1961.

Se trata de un libro imperdible y de una riqueza conceptual única, con una sencillez que merece ser imitada por quienes pretenden tratar estos mismos temas. A continuación, un a versión digital de este imperdible texto.

La Comunión de los Santos y la Devolución de lo Sagrado

En un mundo que ha aprendido a concebir la realidad como un conjunto de entidades separadas —alma y cuerpo, sagrado y profano, individuo y comunidad, historia y eternidad— la fiesta de Todos los Santos es una interrupción. No una memoria, sino una fisura ontológica en el tiempo secularizado: un recordatorio de que la creación nunca fue abandonada a la autosuficiencia de lo meramente natural.

Los santos no son “excepciones morales” dentro de un orden neutral. Son el signo de que la gracia es más real que la naturaleza tal como la modernidad la concibe. No perfeccionan una autonomía humana: revelan que nunca hubo autonomía, porque toda existencia es participación, don, relación. La santidad no es una categoría ética, sino ontológica: es criatura que vuelve a transparentar la gloria de su Creador.

La Iglesia no los “posee” ni los administra. Más bien, la Iglesia es lo que es porque los santos existen, porque la comunión de los redimidos es la forma concreta en que la humanidad es injertada en la vida del Dios trinitario.Si la Eucaristía es el Cuerpo de Cristo, entonces la Comunión de los Santos es su extensión en la historia y más allá de la historia. No hay Iglesia sin santos, ni santos sin Iglesia: no una institución humana purificada, sino una participación real en el Cristo total.La teología moderna intentó reducir la santidad a virtud privada o a ejemplo moral. La teología liberal la volvió metáfora.Pero la verdadera tradición católica —oriental, occidental, anglicana en su raíz no modernista— sabe que la santidad no es actitud, sino transfiguración: anticipo de la nueva creación.Por eso, cuando confesamos “creo en la comunión de los santos”, no enunciamos una doctrina marginal, sino la refutación radical del individualismo moderno.El santo no es solista espiritual: es persona en el sentido trinitario, es existencia convertida en relación, es “ser-en-comunión”.

En la fiesta de hoy, la Iglesia militante contempla su propia verdad escatológica: no una suma de creyentes, sino una polis litúrgica donde la historia se curva hacia la eternidad y la eternidad se vuelve hospitalaria hacia el tiempo.Allí donde los santos están, la lógica del mundo ya no gobierna: el martirio vence al poder, la virginidad vence al consumo, la oración vence al ruido, la caridad vence al cálculo.Cristo reina, y los santos no están muertos: son más vivos que nosotros.Porque el verdadero realismo no es el secular, sino el eucarístico.Y la verdadera política no es el Estado, sino la comunión de quienes han sido incorporados al Cordero.En ellos vemos lo que fuimos creados para ser: hombres y mujeres cuya existencia es alabanza.

«Sed santos», no como mandato imposible, sino como revelación de vuestro origen.La santidad no nos aleja del mundo: lo devuelve a Dios.Y sólo lo que es devuelto a Dios permanece.

Oremos.

Dios omnipotente y eterno,
que nos has unido en un solo Cuerpo
con aquellos que en la tierra luchan,
aquellos que en el paraíso descansan,
y aquellos que en gloria ya contemplan tu rostro:

concédenos, te rogamos,
perseverar en la carrera que nos has puesto delante,
sostenidos por la intercesión de tus santos,
inflamados por su ejemplo,
y hechos partícipes de la luz que ellos ya poseen.

Para que, al final de nuestra jornada,
seamos hallados dignos de compartir con ellos
la herencia eterna de tu Reino,
donde Cristo vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
un solo Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

La nostalgia y la esperanza cristiana

Las cosas no son como solían ser”.

¿Por qué el mundo se está volviendo tan malo? El crimen está en aumento”.

“Me alegro de no tener que criar a mis hijos en estos días“. 

Pero así es como creo que Qohéleth respondería a las personas que dicen cosas como esta: si crees que estás viviendo en un mundo donde las cosas empeoran todo el tiempo, entonces anímate, al menos estarás muerto antes Las cosas se ponen realmente mal. Después de a muerte de mi padre empecé a pensar de esta manera, no lo voy a negar.

Quizás el pasado fue mejor que el presente (frase inmortalizada por Jorge Manrique). Pero cuando uno no se empieza a preguntar, “¿Por qué fue mejor el pasado?” Estás negando la realidad de la presencia de Dios en el presente. Si crees que las cosas están peor, ¿crees que Dios ya no tiene el control? Entonces ¿Quién lo tenía antes? ¿Crees que Dios no te ha llevado al punto donde estás ahora y que ya no te ama o tiene planes o propósitos para ti? Vayamos a Esclesiastés 7: 10, donde leemos:

Nunca digas: ¿Por qué los tiempos pasados fueron mejores? porque nunca preguntarás esto sabiamente.

¿Alguna duda? Veamos el texto en su lengua original y según la traducción griega:

אל־תאמר מה היה שׁהימים הראשׁנים היו טובים מאלה כי לא מחכמה שׁאלת על־זה׃

μὴ εἴπῃς Τί ἐγένετο ὅτι αἱ ἡμέραι αἱ πρότεραι ἦσαν ἀγαθαὶ ὑπὲρ ταύτας; ὅτι οὐκ ἐν σοφίᾳ ἐπηρώτησας περὶ τούτου.

Creo que no queda duda. A menudo cuando decimos esto somos ciegos ante las cosas buenas del presente. Olvidamos lo que está escrito:

Ahora bien: sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que según sus designios son llamados. Porque a los que de antemano conoció, a ésos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos los justificó; y a los que justificó, a ésos también los glorificó. (Rom 8: 28-30)

No lo olvidemos: la Biblia es infalible. Quienes disminuyen la inspiración en alguno de los pasajes es porque no creen en la Biblia, son modernistas. Hay varias “palabras claves” en este pasaje, palabras muy interesantes para analizar en un escrito fututo, pero no nos desviemos.

La Nostalgia nos engaña
La nostalgia es a menudo una forma de escapismo, es como si tomáramos vacaciones refugiándonos en el pasado en lugar de lidiar con el presente o mirar con fe hacia el futuro.

La nostalgia nos afecta a todos, no solo a las personas mayores que miran con nostalgia a su juventud. Quizás nos ponemos nostálgicos por los edificios o lugares; nos traen nostalgias las fotos en las que vemos personas que amamos sonriendo, sentimos ese dolor que tiene un nombre tan difícil de pronunciar cuando vemos esa silla vacía…

¿Alguna vez te has detenido a pensar en la sensación de nostalgia y en qué es realmente?

CS Lewis dijo que la nostalgia es la emoción especial del anhelo, y siempre es agridulce. Cuando sentimos nostalgia, experimentamos un sentimiento de algo perdido. Al mismo tiempo, es una hermosa percepción de lo que se ha perdido, por lo que lo anhelamos. La nostalgia a menudo es fugaz, y sin embargo, si hay algún dolor, también hay una especie de anhelo satisfactorio como parte de ello. Ahora, esto es lo que dice Lewis: solo los niños o los inmaduros emocionalmente piensan que lo que anhelan es en realidad lo que anhelan.

El niño piensa que su recuerdo de esa hermosa ladera le da una sensación encantadora, por lo que si pudiera regresar a esa ladera, tendría la sensación encantadora de nuevo y mientras permaneciera allí. No, dice Lewis, eso es simplemente imprudente. Cuando maduras, te das cuenta de que la nostalgia te engaña. Intensifica tus emociones. Cuando creces, te das cuenta de que si pudieras volver a la ladera, podría ser agradable, podría ser encantador, pero también sería normal en algunos aspectos, y simplemente volver a él no reproduciría esa intensidad de sentimiento. ¿No tendrá el tradicionalismo bastante de nostalgia? O peor aún, como dice un cantante popular, de la peor de todas “añorar lo que nunca jamás ocurrió”? ¿Cuantas prácticas tradicionalistas y ritualistas jamás existieron, y provienen en realidad de una forma particular de catolicismo francés, exportado por Monseñor Lefebvre y sus discípulos? Creo que vale la pena pensarlo.

Hace unos años leí el hermoso texto de Lewis The Weight of Glory, and Other Addresses, el cual pueden descargar aquí.

The books or the music in which we thought the beauty was located will betray us if we trust to them; for it was not in them, it only came through them, and what came through them was longing. These things—the beauty, the memory of our own past—are good images of what we really desire; but if they are mistaken for the thing itself, they turn into dumb idols, breaking the hearts of their worshipers. For they are not the thing itself; they are only the scent of a flower we have not found, the echo of a tune we have not heard, news from a far country we have not yet visited.

Cuando experimentas nostalgia, tu corazón anhela una persona más bella de lo que jamás hayas conocido o un lugar más hermoso de lo que jamás hayas conocido. Crees que anhelas el pasado, pero el pasado nunca fue tan bueno como tu mente te dice que fue. Y, dice Lewis, Dios te está dando en ese momento una de las visiones más profundas de la intensidad de la perfección y la belleza que aún no has visto. De hecho, lo que está tirando de las cuerdas de su corazón es el futuro: es el cielo, es su sentido de pertenencia y hogar que acaba de romper la superficie de su vida, por un momento, y luego se ha ido.

La eternidad en nuestros corazones
Esta perspectiva encaja perfectamente con el mensaje de Eclesiastés.  Ahí vemos que Dios ha puesto la aeternitas en nuestros corazones.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. (Ecl 3: 11)

Estamos construidos para el hogar, para un lugar que aún no podemos ver; aquel de que habló Jesucristo. De todas las traducciones, me gusta mucho como traduce las palabras la Edición Textual:

No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si no, os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.  Y cuando me vaya y os prepare lugar, vengo otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis. (Jn 14: 1-3)

Las personas sabias entienden que Dios nos hizo anhelarlo a él y al cielo. Lo dice San Agustín “Inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te” (Conf 1, 1). No miran hacia atrás cuando se vuelven nostálgicos. No son como la esposa de Lot, que salió de Sodoma, Sodoma no salió de ella. Hay que guardar los mandamientos de Dios y tener la fe de Jesús. No pocos confunden la pureza del rito con la pureza del corazón. Pero la verdadera Tradición no se conserva en el formalismo, sino en la obediencia amorosa que mira hacia la Ciudad Celestial.
Nosotros, miremos al cielo. Miremos al hogar, a la verdadera Patria (Filp 3: 20)