Filosofía y fe

Kosmos: orden, belleza y totalidad

Un atento lector me envió un correo señalándome que en lugar de “cosmos” había escrito esa palabra con K. Esta entrada es una re-flexión sobre el significado de Kosmos.

La palabra Kosmos (κόσμος) en griego es rica en significado y tiene una etimología profunda, cargada de resonancias filosóficas, teológicas y estéticas. En griego clásico, κόσμος (kósmos) significa, en su sentido más antiguo, orden o arreglo. Proviene de la raíz verbal κοσμέω (kosméo), que significa “ordenar”, “adornar”, “disponer con belleza”. Así, el kosmos es, en primer lugar, aquello que está bien ordenado, dispuesto con armonía.

Por eso, kósmos fue utilizado inicialmente en griego para designar el orden social o el buen gobierno de una ciudad. Posteriormente, pasó a emplearse para hablar del orden universal, es decir, de la disposición armoniosa del todo, el “mundo” como totalidad organizada.

Ya en los presocráticos, especialmente en Pitágoras y luego en los estoicos, kósmos adquiere un significado más amplio: el universo entero entendido como un sistema ordenado, dotado de racionalidad interna, donde todo tiene su lugar según un principio de armonía. Heráclito, Platón y Aristóteles consolidan este uso, y de allí pasa a la filosofía neoplatónica y, más tarde, a la tradición cristiana.

En Platón, especialmente en el Timeo, kósmos ya designa la creación entera como un organismo vivo y dotado de alma, fruto de la acción del Demiurgo que lo modela según el Logos. Es el mundo visible, pero visto como reflejo de un orden invisible, inteligible y eterno.

Por eso, kósmos no significa simplemente “mundo” en un sentido físico o material, sino el todo como un sistema bello, inteligible y armonioso. Está asociado inseparablemente con la belleza (kallos) y la proporción.

De hecho, en griego antiguo, kosmos también significa “adorno”, “joya”, “ornamento”. Por ejemplo, se usaba para describir el arreglo o embellecimiento personal, como cuando una mujer se “adorna” o “engalana”. Este matiz estético nunca desapareció del término, lo que refuerza la idea de que el mundo mismo es un adorno, un ornamento radiante de la sabiduría divina.

Por eso, cuando decimos Kosmos, pronunciamos una palabra que lleva en sí la idea de que el mundo no es un caos, sino un todo orgánico, dotado de orden, belleza y sentido. No es mera suma de cosas, sino la manifestación de un orden luminoso en la eternidad, porque hay alguien que habrá de restaurar todas las cosas.


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